Los fanatismos son difíciles de frenar

Para interpretar el actual conflicto palestino israelí, retrocedamos en la Historia. Hace tres mil años el pueblo judío en Israel, cree en una religión monoteísta; los babilonios destruyen su Primer Templo y los romanos el segundo. Surge la primera diáspora judía. El cristianismo se consolida para los romanos en el siglo III y el Islam emerge como religión en el siglo VII. El cristianismo prospera en Europa. El Islam se concentra en el Medio Oriente. Por su parte, los judíos dispersos, fieles a su creencia originaria, fueron sometidos a un feroz odio mítico: el “enemigo imaginario”. Se construyeron sobre ellos falsedades y estigmatizaciones.

El peligro de las «unanimidades» inexistentes

El planteo «unanimista» respecto a esa convocatoria apela al horror de la guerra, al espanto ante la muerte y sus cifras, al escalofrío que produce ver niños morir indefensos. Presume ser pacifista, pero toma partido por un único bando y al hacerlo, deja de ser pacifista y pasa a ser genuinamente bélica. Parecen llamados a favor de la paz pero son un recurso propagandístico para lograr adherentes a una causa y contra la otra.