La ambivalencia occidental y árabe, caldo de cultivo de la Jihad

El presidente Obama fue criticado por no haber asistido a la gigantesca marcha antiterrorista del domingo en París. Esas críticas fueron acertadas. Pero es típico de la política estadounidense actual que nos enfoquemos en eso y no en lo que realmente haría que el mundo sintiera que finalmente estamos enfrentando en serio la amenaza terrorista. Y eso no sería una marcha que Obama ayude a liderar, sino una en la que no tenga nada que ver. Sería una marcha de un millón de personas contra el jihadismo, pero en el mundo árabe musulmán, organizada por árabes y musulmanes, y destinada a árabes y musulmanes.

La hipocresía de Hamas

Agencias internacionales informaron que la organización islámica palestina Hamas condenó el atentado contra la revista «Charlie Hebdo», alegando que se opone al «terrorismo contra inocentes». Lo que no parece haber salido en ningún lado, fue el apoyo al atentado en el supermercado kasher que se publicó en el diario de Hamas en Gaza, «A Risala», en árabe por cierto.

Los dogmas no tienen sentido del humor

El atentado a la revista satírica Charlie Hebdo puso sobre la mesa varios temas: desde la violencia, la intolerancia, la libertad de expresión, los límites del humor, hasta la sátira y las ofensas. Una de las voces más respetadas y uno de los caricaturistas más importantes del mundo, es el uruguayo Hermenegildo Sábat (Montevideo, 1933), que desde hace casi cincuenta años, dibuja diariamente en Clarín de Buenos Aires.

Una bomba de efecto impredecible

El atentado contra la AMIA, que no ha sido esclarecido 20 años después de haber sido perpetrado, volvió a convertirse ayer en el campo de una batalla judicial y política. La metáfora es desafortunada, pero inevitable: la denuncia del fiscal Alberto Nisman contra varios encumbrados funcionarios y dirigentes del oficialismo, entre los que se encuentra Cristina Kirchner, por haber negociado con Irán la provisión de petróleo a cambio de la impunidad de los acusados por el ataque terrorista, es una bomba de profundidad. Sus efectos irán aflorando con los días. Tiene, por supuesto, una gravedad institucional extrema: ningún jefe de Estado en ejercicio fue acusado de ser cómplice de un atentado terrorista.