Schengen, noenguen y tontenguen

Las cosas no son negras o blancas, son blancas o negras. Primero la luz y luego la oscuridad, primero la difícil posición erecta y los esfuerzos del Siglo de las Luces y mucho, mucho después la oscuras y siniestras banderas del Daesh o Estado Islámico. Primero vino la Ilustración que nos prometía educación a todos y la trilogía francesa de libertad, igualdad y fraternidad, y luego, mucho después, los hermanos de la muerte que sólo se consideran a sí mismos enarbolando un soberbio desprecio por los demás, sean falsos cruzados, judíos o budistas, tal y como se vio con la destrucción de los budas gigantes de Bimayán.

El cerebro de la bestia

Cuando empezó este nuevo yihadismo, es decir, los atentados individuales o de grupos pequeños, aparentemente desconectados de organizaciones, se habló del concepto de lobo solitario. Se aplicó al atentado en el maratón de Boston, de los chechenos Tsarnáyev. También al apuñalamiento de un policía en Londres, y así al resto de los actos yihadistas que se iban cometiendo. El atentado de Charlie Hebdo cambió el concepto, porque se trataba de una acción terrorista coordinada y planificada, y con los atentados de París ya nadie habla de lobos solitarios. Y ello es certero, porque ni un solo acto terrorista de esta ideología totalitaria está desconectado, incluso cuando nace en la oscuridad de una voluntad solitaria.

Flores gigantes en Jerusalem

Quienes pasen por la plaza Vallero de Jerusalem podrán parar a deslumbrarse con estas flores gigantes (autoinflables). Con una sorprendente obra realizada por arquitectos locales, las flores se abren y pueden iluminar a su alrededor. El proyecto es parte del esfuerzo para mejorar espacios urbanos del centro de la ciudad y en este caso concreto, mejorar una plaza pública.