Por Lic.Rafael “Rufo” Winter
Comenzamos esta semana con el cuarto libro de la Torá (Pentateuco) , llamado “Bamidbar” (en el desierto). No obstante, el libro se traduce – conceptualmente- como “Números” por el tema que trata al comienzo del mismo: el censo que hizo Moshé (Moisés) del pueblo de Israel y los números que finalmente se mencionan como consecuencia del mismo.
El libro narra casi la totalidad de los 40 años – con todas sus peripecias – que duró la travesía del pueblo de Israel por el desierto, hasta llegar a Eretz Knaan: la Tierra Prometida.
La primera parashá (sección semanal que se lee del Pentateuco) tiene la misma denominación que el libro: “Bamidbar”. En términos generales: se menciona la realización del censo de los integrantes del pueblo, las funciones de los leviim (levitas) de quienes se realizará un censo también, y la organización de las tribus en el campamento.
El censo del pueblo – quizás uno de los primeros de la historia a tan gran escala – determinó una cifra enorme. Más de 600.000 hebreos: la cifra exacta (Bam, 2:32) sería la de 603.550.
Se cuenta a cada tribu por separado. Y posteriormente se censa a los leviim – dentro del marco de las ordenanzas relativas a los leviim – lo que da una cantidad de alrededor de 22.000. Lo que hay que sumar a la cifra anterior. Solamente fueron censados los hombres.
Esto fue hecho “en el desierto” del Sinaí. Debía registrarse a la gente por clanes y familias y a los varones de 20 años en adelante que fueran aptos para el ejército llegado el caso.
Evidentemente, los objetivos del censo eran dos: por un lado, saber cuántos eran los integrantes del pueblo en ese momento; por otro, saber quiénes y cuantos estarían en condiciones de defender al pueblo si las circunstancias lo imponían.
“Y le dijo el Eterno a Moshé en el desierto de Sinaí en el Tabernáculo… Haced el censo de toda la congregación de los hijos de Israel, por sus familias y sus casas paternas, tomando en consideración los varones de 20 años para arriba, o sea, todos los aptos para el ejército de Israel” (Bam. 1: 1-3)
Moshé sabía que, inevitablemente – y no porque el pueblo así lo quisiera – habrían enfrentamientos, digámoslo más claramente, guerras con otros pueblos a lo largo de la travesía hasta llegar a Eretz Knaan. Pueblos que, por alguna razón nos enfrentarían o nos cerrarían el paso, lo que impediría cumplir con el objetivo.
Por eso, uno de los motivos del censo era formar un ejército. Mal necesario. Pero no sería “cualquier ejército”. Y ni el ejército ni el objetivo serían “militaristas”.
El ejército era popular: un ejército del pueblo. Todos los hombres entre 20 y 60 años debían enrolarse. Todos debían servir en él. Como dice el rabino Birenbaum en su libro “Más allá del versículo” (pg. 192) al explicar la parashá “a partir de un campamento de esclavos surge el ejército de un pueblo organizado y unido”.
La formación de un ejército – popular en este caso – le trasmitía al pueblo el mensaje de que no hay que depender de un milagro.
Ocurrieron milagros previamente, y también ocurrirían después pero el pueblo debía “acostumbrarse” a depender de sí mismo: “ayúdate que D´os te ayudará”.
La parashá Bamidbar se lee, por lo general, el Shabat (Sábado) anterior a Shavuot: festividad de la entrega de la Torá.
La Torá fue entregada al pueblo de Israel en el desierto, tierra de nadie. Por lo tanto, tierra de todos. Esto también nos demuestra el carácter “universal” de la Torá. Más allá de lo particular.
Una reflexión: como vimos, por mandato de Moshé – y Moshé obedece a D´os – se va formando, en el desierto, un ejército del pueblo.
Si lo afirma la Torá: ¿en qué se basan quienes hoy día rehuyen dicha responsabilidad, por razones… ¿religiosas?
Concluyo con una frase del Rab. Birenbaum de su otro libro “La Torá no está en el cielo”. Al explicar la parashá, dice al finalizar (pag. 111) que “los años pasados en el desierto son necesarios para formar al pueblo de Israel y desarrollar en él ciertos ideales, costumbres y sentimientos, quizás aún más, para erradicar de él vicios y conceptos que traen de la esclavitud”.
El pueblo de Israel.
Caso singular de un pueblo que se va constituyendo como tal en el desierto.
“Y le dijo el Eterno a Moshé en el desierto del Sinai… ´Haced el censo de toda la congregación de los hijos de Israel´…” (Bam. 1:1-2) LECTURA DE LA TORA PARA ESTE SABADO)
10/May/2013
Lic. Rafael "Rufo" Winter, Copredi