RECORDANDO A BENJAMIN DISRAELIBenjamín Disraelí, es uno de los personajes más conspicuos del judaísmo europeo, especialmente porque en pleno Siglo XIX y durante el apogeo de la Era Victoriana se convirtió en el Primer Ministro de Gran Bretaña, y por ahora es el único judío que lo logró. Ciertamente era un converso al cristianismo y una figura extremadamente polémica, aun en la actualidad y eso es visible por las controversias que existen entre aquellos que se han ocupado de escribir sobre su vida. Según el historiador Isahia Berlin, Disraelí ha sido el menos victoriano de los victorianos que se creó una identidad partiendo de su desenfrenada imaginación, una identidad única fuera de de todos los cánones y normas reconocidas. El, un judío converso, que pudo llegar a convertirse en el político más poderoso de su tiempo y que logró crear un Imperio para la Reina Victoria.
Con un romanticismo totalmente ajeno a la Inglaterra donde el industrialismo, el utilitarismo, la racionalidad y el sentido práctico eran la expresión del más intemperante capitalismo, se creó su propia leyenda y fiel a ella logró escalar a donde ningún otro como él lo había logrado. Pese a que se burlaron, rieron y escarnecieron de su exuberante actitud, todo eso no le hizo mella, según Berlin, de un modo muy diferente de otros judíos asimilados de su época, se enorgulleció de sus orígenes judíos, «casi demasiado insistentemente, y los mencionó a la menor oportunidad con algún riesgo para su carrera política y a pesar de su excéntrico pero verdadero cristianismo».
Se cuenta que la Reina Victoria le preguntó una vez a Benjamín Disraeli, Primer Ministro Británico en el siglo XIX sobre cuál era su «verdadera» religión. «Usted nació como un judío y luego usted abandonó su Pueblo.» Le dijo ella «Ahora usted es miembro de la Iglesia de Inglaterra, pero nadie cree que usted es un cristiano de corazón. Por favor, dígame quién y que es usted ahora». .» Su majestad,» contestó el famoso Disraeli «soy la página en blanco entre el Viejo y el Nuevo Testamento».
Disraeli fue un practicante cristiano que asistía a la iglesia los domingos y que a diferencia de los judíos de ese tiempo podía sentarse en el Parlamento. El creía que el cristianismo estaba incompleto sin el judaísmo – y viceversa – también se vio a si mismo como parte de una noble y poderosa raza judía. Su desbordante romanticismo, su apasionada convicción en la intuición y la imaginación antes que en el racionalismo le hicieron un ferviente admirador de todo lo que significara la sangre, la raza, creía en los individuos, en los héroes y en los espíritus superiores. Despreciaba la igualdad, la mediocridad y a la gente común. Esa fue la razón por la que su enorme imaginación le permitió imaginar al pueblo Judío, profundamente despreciado por parte de esa nobleza a la que ansiaba tanto pertenecer, como una raza superior con la que el cristianismo y sociedad de la que formaba parte era profundamente deudora. Rechazando la acusación del deicidio formulada por el cristianismo, escribió; «La muchedumbre trabajadora descansa cada séptimo día en virtud de una ley judía; está perpetuamente leyendo «por su ejemplo» los registros de la historia judía y cantando las odas y elegías de los poetas judíos; y diariamente reconoce de rodillas, con reverente gratitud que el único medio de comunicación entre el Creador y ellas es la raza judía, Sin embargo trata a esa raza como a la más vil de las generaciones. Se permite decir que los judíos han sobrevivido «pues sólo una de las grandes razas pudo haber sobrevivido a las pruebas que ha soportado».
Benjamín Disraeli nació el 21 de diciembre de 1804. Su padre, Isaac d´Israeli, descartando el comercio como modo de ganarse la vida, fue un escritor poco conocido, con una personalidad agradable que le ganó la amistad de gente muy importante dentro de la literatura inglesa, era políticamente conservador, torie, y judío sin complicaciones. Cuando se sintió demasiado asediado por las demandas de la Sinagoga Sefaradí de Bevis Marks para que participara en tareas administrativas para la comunidad, decidió romper y alejarse del ámbito judío. Un amigo suyo lo convenció de que sería conveniente que bautizara a sus hijos como cristianos si quería liberarlos de lo que para muchos era una pesada carga y poder permitirles crecer y triunfar en el mundo gentil. De manera que en el año 1817, a los 13 años, cuando Benjamín debería haber hecho su Bar Mitzvá, fue bautizado dentro del cristianismo anglicano.
A los 22 años, luego de haber escrito su novela más conocida, Vivian Gray, que tuvo bastante repercusión pese a publicarla anónimamente, estaba muy endeudado y cayó en colapso nervioso. Cuando se recuperó luego de tres años, se embarcó en un tour por el Mediterráneo que incluía Palestina.
Allí, Jerusalem se presentó a su imaginación como un lugar potencial para la soberanía nacional judía. Comenzó escribiendo «Alroy, «una novela protosionista superficialmente basada en la vida de un judío kurdo en el siglo XII que se rebela contra los turcos. El viaje y la publicación del libro representaron un profundo cambio en su vida, además de la decisión de asumir su origen judío. Llevado por su gran ambición, Disraeli quiso entrar al Parlamento y luego de cinco intentos finalmente ganó las elecciones como conservador o «torie».
Como un aspirante a la aristocracia, Disraeli creía que los privilegios de la nobleza tenían que ser preservados aun en una Inglaterra modernizada. El cuidaba profundamente a la clase trabajadora, argumentando que los pares estaban mucho mejor colocados para velar por sus propios intereses. Continuó escribiendo exitosas novelas. «Coningsby,» «Sybil» y «Tancred» todas abogaban por solucionar los problemas de Inglaterra por el empobrecimiento de los ricos. Disraeli eligió apoyar a Lionel de Rothschild, quien en 1847 fue el primer judío, el primer no bautizado, en ser elegido para ocupar su asiento en el Parlamento. En esa coyuntura, Disraeli no debatió el tema de la igualdad de derechos, reforzó su posición sosteniendo que el cristianismo tenía una deuda con los judíos por ser sus antecesores.
A mediados de 1850, fue durante dos breves períodos canciller del Exchequer, el ministerio de finanzas británico. No fue hasta 1868, después de aprobar una ley histórica que concedía el voto a la mayoría de los hombres – un movimiento al que él se había opuesto por décadas y que fue el que finalmente lo consagró primer ministro, y solo entonces por unos cortos meses. No fue hasta 1874, cuando tenía casi 70 años, que el ganó su primer período completo en el cargo.
Disraeli era un excelente orador y polemista, no había llegado a su cargo solo por su excentricidad judaica. Pero no ocupaba su cargo solo por su personalidad deslumbrante sino por algunos históricos logros obtenidos, incluyendo cosas como una importante legislación social para los sectores más pobres y desprotegidos de la población. La compra de de una minoría de las acciones en el Canal de Suez con un préstamo de los Rothschild y un triunfo en el Congreso de Berlin en 1878, donde Disraeli limitó el expansionismo ruso. Cuando el poder finalmente llegó a él, ya no estaba en la flor de la vida. Para algunos autores la vida de Disraelí está signada por el triunfo logrado a pesar de su condición judía y gracias a su imaginación política. Sin embargo no está tan claro que eso haya sido así. El mito del judío noble, oriental era un lugar común entre los sefardíes de Londres, esto se reflejaba en la arquitectura de algunas sinagogas importantes que comienza en ese período, tal como la sinagoga nueva del extremo del oeste en Bayswater de Westminster, construida para parecer una fantasía morisca. Además, a pesar de décadas del esfuerzo, es confuso si Disraeli convenció lo suficiente a otra gente, además de sí mismo, de la superioridad de la «raza judía».
El único judío Primer Ministro de Gran Bretaña.
06/Mar/2013