La Historia de Robert Capa

25/Feb/2013

Milim Cultural, Nº21

La Historia de Robert Capa

Nacido en Budapest, Endre Friedmann, también conocido como Bandi, muy joven salió exiliado de Hungría hacia Berlín. en donde trabajaría en la célebre agencia fotográfica Dephot. Ahí el director de la misma, Simón Guttman, le ofreció su primera oportunidad a quien hasta entonces era un recadero y ayudante de cuarto oscuro de 18 años. Su primer trabajo: realizar un reportaje en Copenhage sobre el exiliado ruso León Trotsky ofreciendo un discurso a estudiantes daneses. A partir de ahí las cosas ya no volverían a ser las mismas, Guttman reconoció su talento. Pero para 1934 las cosas se comenzaban a poner feas para Europa. De ascendencia judía, Endre tuvo que salir en dirección a París, al arribo de Hitler como canciller alemán. En esta ciudad conocería a otras celebridades fotográficas: André Kertész, quien lo ayudó a sobrevivir, y al joven rico Henri Cartier-Bresson. Aunque también hizo algo más. Ante tantas carencias económicas y la imposibilidad de vender su obra fotográfica, Gerda Taro, esa bellísima mujer a quien conocería en París y quien se convertiría en su amante, le ayuda a inventarse otra personalidad: la de un fotógrafo norteamericano, que respondía al breve y sonoro nombre de Robert Capa (que era una unión cinematográfica proveniente de Robert Taylor y Frank Capa) con reconocida fama y prestigio pero que nunca se dejaba ver. Gerda se volvió su agente, lo promocionó entre los diarios y revistas franceses que comenzaron a comprarles sus imágenes, y le inventaría su propia historia a este huidizo y enigmático fotógrafo. Hasta que se descubrió que aquel fotorreportero de apellido Friedmann, al que pocos tomaban en cuenta, era el tal Robert Capa. Por ahí comenzó su leyenda, aunque también por su capacidad de registro de los sucesos que comenzaban a conmocionar Europa.En 1936, Capa cubre la guerra civil española, sin duda determinaría las capacidades de Capa en su movilidad (esa manera de trabajar con la que logra deslizarse y aplicar distintos puntos de vista) dentro de los conflictos y le daría a su trabajo una especial implicación hacia la circunstancia humana. Capa no quería ser fotógrafo de guerra. Las circunstancias le llevaron a ello. El era judío y, cuando estalló la Guerra Civil en España, decidió ir porque deseaba combatir el fascismo. Además, creía en la causa republicana y las imágenes de este suceso aparecen simultáneamente en la francesa Vu, la londinense Weekly Ilustrated y la revista norteamericana Life, lo que pocos habían logrado para entonces. Aunque ciertamente para esos años pretelevisivos las revistas ilustradas se habían vuelto en el gran medio gráfico de información visual, lo que favorecería la labor de este reportero que apenas rebasaba los 20 años y que ahora se encontraba estrenando nuevo nombre. Teruel, 21 de Diciembre 1937. «Los muertos yacen sobre el helado campo», esta foto la publicó Life el 28 de Enero de 1938.En 1936, Robert Capa retrató a un miliciano español en el momento mismo en que recibía una mortal herida de bala (foto 2). La imagen recorrió el mundo y catapultó la fama de Capa.  Abandonó España por un tiempo para participar en el documental “Los cuatrocientos millones” en China, desde donde envió fotos tanto del generalísimo Chian Kai-Shek y de su esposa, como de las atrocidades japonesas. Regresó para cubrir la derrota de la República Española, y en la batalla del Ebro se confirmó su prestigio como el fotógrafo más valiente que cubrió la guerra de España.En la Segunda Guerra Mundial ejerció como corresponsal de guerra de Life, y desembarcó el día D, el 6 de junio de 1944 con la primera oleada norteamericana en Normandía, y pasó noventa minutos en la playa Omaha disparando sus cámaras en condiciones terribles hasta que se le acabaron los carretes. Pudo hacer llegar las cuatro películas de 35 milímetros y algunas películas de 120 al laboratorio de Life en Londres, donde la precipitación provocó que el ayudante de revelado cometiera un error y se derritiera la emulsión de la película. Sólo se salvaron once fotos que se publicaron el 19 de junio en siete páginas de Life. Capa nunca reprochó el error. En 1947 fundó Magnum Photos, conjuntamente con Henri Cartier Bresson, David Seymour, George Rodger y William Vandivert. Al año siguiente Capa viajó a Rusia con John Steinbeck, y entre 1948-1950 a Israel con Irwin Shaw.Durante la guerra de Israel por su independencia y en un enfrentamiento entre la Haganah y el grupo extremista Irgun, una bala le rozó dolorosamente la entrepierna y temió que le hubiera arrancado los genitales. No quiso ir a Corea, pero en cambio aceptó reemplazar al fotógrafo que cubría la guerra francesa de Indochina para Life, cuando la revista le hizo una generosa oferta económica en Japón, donde se encontraba realizando un reportaje para Mágnum. Robert Capa murió el 25 de mayo de 1954 al pisar una mina antipersonal en el camino vietnamita de Thai Binh que le voló en pedazos la pierna izquierda, y le hirió gravemente en el pecho. Mientras expiraba no soltó su cámara Contax de la mano.Un final trágico y consecuente para un guerrero del fotoperiodismo que vivió intensamente y gozó de igual manera. Atrás quedaron sus colaboraciones en trabajos literarios con John Steinbeck y el famoso periodista Theodore H. White. Sus largas noches de póker, su amistad con Ernest Hemingway y John Huston, su relación con Picasso y tantos otros personajes célebres. Sus más famosas imágenes fueron realizadas en el calor de la batalla y son las tomas de Guerra más intensas y cercanas jamás hechas. Las imágenes de Capa muestran su extraordinaria sensibilidad y compasión hacia la condición humana. Sus obras consistieron principalmente en imágenes de batallas, imágenes de los efectos de la guerra sobre los soldados y los civiles, e imágenes de paz.Capa dominó el potencial de su pequeña cámara para capturar el espíritu del momento con un sentido de intimidad y apremio. Capa fotografió, no simplemente como observador sino también como participante. Conoció a muchos de sus sujetos, por carecer de autoconciencia inhibidora, su cordialidad y generosidad le dieron entrada donde quisiera y hacían sentir cómoda a la gente. Capa se pensaba a si mismo como un reportero, donde mejor combinaba sus intereses en la literatura y la política. Aun luego de ser reconocido como uno de los más destacados fotógrafos del siglo, Capa solía comentar a sus amigos “Yo no soy un fotógrafo, soy un periodista».