Los últimos judíos de Cochín mantienen viva una tradición de más de 2.000 años en India

10/Ago/2026

Aurora

 

 

En el sur de la India, los últimos integrantes de la histórica comunidad judía de Cochín mantienen viva una tradición que se remonta, según la memoria comunitaria, a más de dos mil años. Entre antiguas sinagogas, rituales y objetos históricos, Keith Hallegua y Elias “Babu” Josephai se han convertido en custodios de un legado que enfrenta el riesgo de desaparecer.

 

Keith Hallegua es el último miembro permanente de la histórica Sinagoga Paradesi, construida hace 458 años en el tradicional barrio conocido como Jew Town. Durante la festividad de Shavuot caminó, como cada año, hasta el templo sabiendo que rezaría completamente solo, ya que no existe un minyán —el quórum de diez hombres adultos requerido para los servicios religiosos comunitarios—.

 

Hallegua pertenece a los judíos Paradesi, descendientes de familias sefardíes que llegaron a India tras huir de la Inquisición española y portuguesa en el siglo XVI.

 

A varios kilómetros de allí, Elias «Babu» Josephai mantiene abierta la sinagoga Kadavumbagam, uno de los últimos templos de los judíos Malabari, cuyos orígenes, según la tradición, se remontan a la época del rey Salomón, hace más de dos mil años.

 

Ambos representan las dos ramas históricas del judaísmo de Cochín, una comunidad que convivió durante siglos con hindúes, musulmanes y cristianos prácticamente sin episodios de antisemitismo, aunque marcada por antiguas diferencias sociales entre los propios grupos judíos. Esas divisiones desaparecieron en gran medida tras la emigración hacia Israel, pero siguen formando parte de la memoria histórica de la comunidad.

 

Josephai dedica gran parte de su tiempo a mantener viva la sinagoga que logró restaurar después de sufrir actos de vandalismo años atrás. Aunque los servicios religiosos son hoy muy poco frecuentes, continúa encendiendo las lámparas y conservando los rituales como una promesa hecha a su abuela antes de que el resto de su familia emigrara a Israel en 1972.

 

Un patrimonio que trasciende las religiones

 

Según analistas de Reuters, la preservación del legado de los judíos de Cochín no depende únicamente de los pocos miembros que permanecen en la ciudad. También involucra a vecinos de otras religiones que consideran este patrimonio parte inseparable de la historia de Kochi.

 

Uno de ellos es M.C. Praveen, un ciudadano hindú que creció en Jew Town junto a familias judías y actualmente integra el fideicomiso que administra la Sinagoga Paradesi. Su objetivo es garantizar que las futuras generaciones conozcan la historia de esta comunidad.

 

Gracias a esos esfuerzos, recientemente abrió un museo dedicado a la presencia judía en Kochi. Entre sus piezas más valiosas se encuentran unas placas de cobre del año 1000 que contienen el decreto mediante el cual un rey hindú otorgó libertad religiosa a la comunidad judía. Asiameridional y diáspora

 

Otro ejemplo es Thaha Ibrahim, un comerciante musulmán que heredó el tradicional negocio de bordados de Sarah Cohen, una de las figuras más reconocidas de la comunidad. Ibrahim aprendió personalmente las técnicas de bordado características de los judíos de Cochín y ahora las enseña a su hijo para evitar que desaparezcan.

 

Incluso mantiene la costumbre de encender las velas de Shabat todos los viernes y cerrar el comercio los sábados como homenaje a la mujer que lo formó.

 

El desafío de conservar una historia que podría desaparecer

 

La desaparición progresiva de la comunidad plantea interrogantes sobre el futuro de un patrimonio cultural único. Hallegua reconoce que jamás imaginó convertirse en el último judío residente de Jew Town y teme que, cuando él ya no esté, también desaparezcan las historias, canciones y costumbres transmitidas durante generaciones.

 

Josephai comparte esa preocupación. Además de mantener la sinagoga, trabaja en la creación de una biblioteca y un museo dedicados a la historia de los judíos Malabari, con la esperanza de que alguna organización judía internacional pueda hacerse cargo del proyecto en el futuro.

 

Ambos coinciden en que conservar la memoria resulta tan importante como preservar los edificios.