Frente al conflicto con Irán, la incertidumbre no es una etapa pasajera sino una constante estructural: entre negociaciones frágiles, amenazas persistentes y un programa nuclear activo, cualquier concesión podría agravar el riesgo en lugar de reducirlo, consolidando un escenario de tensión prolongada e imprevisible.
Lo que se conoce son los hechos, los que se ven. También se conocen las amenazas y las publicidades, pero eso son espectáculos que alimentan las redes sociales. Las decisiones no se conocen, se infiere que los hechos son consecuencia de algunas de las decisiones, o sea, las que se pueden cumplir. El martes, dos horas antes de que expirara un ultimátum de Estados Unidos a Irán, se conoció que la mediación de Paquistán y la intervención de China lograron un presunto alto al fuego por 2 semanas de una guerra que comenzó el 28 de febrero. Enseguida hubo manifestaciones de euforia, especialmente de Irán que inmediatamente comenzó su narrativa de que había vencido a Israel y Estados Unidos. Pocas horas después, Israel siguió con su ofensiva contra Hezbollah, que como aparato terrorista fabricado por Irán no detuvo nunca (desde 2023) sus bombardeos a civiles contra las ciudades del norte de Israel. Irán entonces cerró el Estrecho de Ormuz otra vez exigiendo que Israel no respondiera las agresiones de Hezbollah. Y ya el miércoles Estados Unidos, nuevamente, dio un ultimátum de 36 horas a Irán para que abra Ormuz y se siente a negociar como lo anunció Paquistán 24 horas antes. ¿De qué se puede hablar entonces? ¿De un alto al fuego? ¿De negociaciones que en 15 días resuelvan diferencias que parecen irreconciliables?
Las preguntas tienen respuestas. Se puede hablar de una tregua. Eso no significa nada de valor para Irán, como tampoco para sus aparatos terroristas, Hamas e Hezbollah. La tregua es pausa, la “hudna” de la que ya hablamos muchas veces. El respiro que necesita el derrotado para ganar tiempo y volver a su punto de partida. Sea una semana, un año o diez. Esperar para volver con posibilidades de obtener sus objetivos. Alto el fuego en el concepto que también ya hemos explicado en esta columna de “taqiyya”. Miento, oculto, gano tiempo. Y si las negociaciones favorecen a Irán de acuerdo con lo que la teocracia cree que le sirve, Estados Unidos, Israel, Arabia Saudita, los países del Golfo, deberían saber que son negociaciones con papel picado porque apenas se mantendrá la “hudna” y en cualquier momento todo empieza de nuevo.
Israel y los países árabes atacados por Irán saben que lo que Irán pueda firmar no es lo que va a hacer. La dictadura no entiende de compromisos, cumplimientos, etc. Eso es una debilidad para su ideología extremista. Sí saben que las democracias cambian de gobierno cada 4 o 5 años y la teocracia se queda. Hoy les ha ido muy mal con el actual gobierno de Estados Unidos, pero una hudna puede esperar que llegue al gobierno otra administración y acepte lo que, en las negociaciones de las próximas semanas, Estados Unidos no admitirá. Si varios países europeos quieren un nuevo Pacto de Munich desde hace tiempo, Irán puede esperar, rearmarse y volver a intentar su objetivo central en primer término: hacer desaparecer a Israel y castigar a sus enemigos árabes que han osado enfrentarlos.
El régimen teocrático miente, pero eso no es novedad. Les dice a sus 90 millones de habitantes que ha ganado la guerra, pero nadie osa retrucar, aunque hayan sido bombardeados por 6 semanas de forma devastadora. La estructura de poder no está intacta porque han muerto medio centenar de sus principales criminales de guerra, pero sí está estructuralmente fuerte como para mantener el yugo dictatorial internamente. También miente cuando anuncia con pompa y soberbia que va a imponer un programa de 10 puntos y condiciones que cualquier observador distraído sabe que no se van a dar. Irán no miente sólo por estrategia ideológica sino amparado en un respaldo, que más bien parece una aceptación de la realidad. El inútil Consejo de Seguridad, a iniciativa de los países árabes del Golfo no pudo lograr una resolución que impusiera la apertura del estrecho de Ormuz el lunes, porque China y Rusia lo vetaron. A cambio, China que compra más del 90% del petróleo que exporta Irán, dijo en público que Irán debía aprovechar las oportunidades para la paz, y en privado exigió el pago del precio del voto: alto al fuego y abrir Ormuz.
Según un informe del New York Times citado en INFOBAE por Pilar Rahola, de las cuatro fases planteadas para la guerra desde EE. UU. -descabezamiento de la cúpula, dominio aéreo y marítimo, control de Ormuz y caída del régimen-, la tercera ha fallado, y la cuarta habrá que verla porque el descabezamiento de la cúpula tampoco ha sido absoluto. Las negociaciones se harán con quienes tienen el poder y Ormuz es un arma cargada. Irán cuenta con apoyos europeos, por acción y omisión, y banales discursos de valor cero desde algunas capitales latinoamericanas. Ese es el marco en el cual empezarán las conversaciones en Paquistán dentro de 48 horas. A lo que se agregará indefectiblemente que la protección total de Hezbollah que la teocracia exige encontrará un impedimento seguro: Israel. No hay ni siquiera una tregua posible con Hezbollah impune y protegido. Y menos aún, cuando Israel sabe que para Irán un acuerdo o como lo llame no significa mucho.
Irán tiene 441 quilos de uranio enriquecido al 60%, lo cual es suficiente para tener no menos de una decena de armas nucleares. El uranio está escondido debajo de la tierra, pero si logra en las negociaciones obtener concesiones para desbloquear los lugares donde está el uranio, retomará enseguida su programa nuclear. El mundo puede pensar que es imposible que a Irán se le permita lograr semejante objetivo. Es un pensamiento ingenuo. La más mínima concesión que se le haga será lo mismo que entregarle la llave que puede abrir las puertas del infierno. Y si no lo consigue ahora porque EE. UU. no se deja engañar como sucedió no hace tantos años, esperará su momento. Pero el uranio está allí, en territorio iraní. Por otra parte, las negociaciones de dos semanas no incluyen ni remotamente la posibilidad de un cambio gubernamental estructural en Irán, por el contrario, EE. UU. estará discutiendo con extremistas fanáticos.
Es imposible que en negociaciones después de una guerra no haya concesiones mutuas. Si no las hay, es un fracaso y se retorna al punto de partida. La situación económica mundial puede ser uno de los mayores incentivos para que se llegue a algo en Islamabad. Ese es uno de los dos mayores problemas que tiene Israel en el frente de guerra. Irán, logrando una tregua y obteniendo algo de lo que pide. Con la dictadura en pie y con posibilidades de salir de su pozo económico y militar, Israel enfrenta el segundo problema: la impunidad de Hezbollah y que a nadie le importe el clamor del Líbano que no sólo está sometido al grupo terrorista sino que ha mostrado su debilidad extrema al mundo entero queriendo echar al embajador iraní, y fracasando no sólo porque el embajador no haya acatado la orden sino además porque se burló en público de los gobernantes (por llamarlos de alguna manera) del Líbano.
Para las potencias, aún enemistadas entre sí, lo más importante es la economía. Si Rusia ya provocó más de un millón de muertos en su guerra contra Ucrania, no es problema de nadie más. Rusia tiene luz verde hace 4 años. Ormuz es un tema económico esencial, y por eso Irán usa esa ventaja. Pero nadie está en riesgo existencial, salvo Israel. Si se mantiene la teocracia fascista iraní en el poder debilitada o no, Israel tiene siempre la amenaza de destrucción no sólo del régimen sino de quienes lo apoyan. Y eso no es tema en Islamabad.
El lunes recordaremos Yom Hashoá. Un sobreviviente griego del Holocausto Haim Rafael dijo hace poco tiempo: “Éramos una gran familia… todos murieron en la cámara de gas…me quedé solo. Siempre decía: quiero vivir para poder contar. Incluso a mi edad, aún dejo todo y voy a dar mi testimonio, es algo sagrado. Yo creo que la gente tiene que saber, y la historia hay que contarla tanto como sea posible, para que no vuelva a pasar lo mismo, porque el judaísmo es algo de lo que no se puede escapar: con dolor, sin dolor, con maldiciones, con golpes, pero por el hecho de que naciste judío, no te puedes escapar. No hay forma. Nací judío y moriré judío con orgullo. Fui terco y obstinado, perseveré y crie una familia y hoy tengo dos niños y una niña y llevan el nombre de todos los asesinados de la familia”.
Hoy, hay una teocracia que desde hace 46 años intenta que vuelva a pasar lo mismo como lo advirtió Haim. Hoy si la nación judía no es terca y obstinada en la defensa de su existencia como lo hizo Haim, nadie, absolutamente nadie será terco y obstinado ni en lugar de ninguno de nosotros ni junto a nosotros.