Ninguna persona decente, en su sano juicio, puede sentir gusto por las guerras, que significan muertes (sobre todo de los inocentes), destrucciones, pérdidas, tragedias, angustias, etc. Sin embargo, la actual guerra entre las fuerzas conjuntas de EEUU e Israel contra la teocracia iraní, era inevitable. A lo largo de casi cinco décadas, el régimen de la República Islámica ha estado involucrado en una serie de acontecimientos que han reconfigurado la geopolítica mundial.
Su estrategia se ha basado en la exportación de la revolución, el uso de fuerzas paramilitares ilegítimas, conocidas como proxys (intermediarios) y el desafío nuclear. Sin duda, han sido maniobras que generaron tensiones internacionales, con bases ideológicas y geopolíticas que arriesgaron el orden mundial, el cual, a su vez, se fue adaptando mediante inútiles medidas de apaciguamiento que, más bien, favorecieron el fortalecimiento del poder de los ayatolas y la desestabilización de distintos países.
Desde hace 47 años, globalmente se afronta un largo historial de terrorismo iraní. La crisis de los rehenes marcó el inicio de esa confrontación entre el nuevo régimen y EEUU, aunque podemos decir que, con el mundo Occidental, cuando el 4 de noviembre de 1979, los “estudiantes” revolucionarios asaltaron la Embajada estadounidense en Teherán y retuvieron a 52 empleados durante 444 días.
La República Islámica ha desarrollado redes políticas, religiosas y logísticas, vinculadas a su estrategia exterior. Cabe resaltar que la Casa Blanca atribuye a Irán más de 40 ataques terroristas directos contra ciudadanos estadounidenses desde 1979, consolidando su puesto en las listas internacionales como principal “estado patrocinador del terrorismo” y en esa posición, recordamos algunos ejemplos de los numerosos ataques que ha efectuado la República Islámica.
En los años 80, hubo diversos secuestros en el Líbano, a través de grupos que dieron origen al más activo proxy, Hezbollah; así, el régimen iraní facilitó la retención de decenas de occidentales (diplomáticos, académicos y periodistas) para presionar a sus gobiernos. En 1983, se produjo la primera gran operación de Hezbollah con apoyo logístico iraní, que destruyó el cuartel de Marines estadounidenses en Beirut: un camión bomba mató a 241 Marines y 58 paracaidistas franceses.
En 1992, Hezbollah bajo dirección iraní, con una camioneta cargada de explosivos, voló el edificio de la embajada de Israel en Argentina. Dos años más tarde, en 1994, con semejante modus operandi, estalló la sede de la AMIA, predio de la comunidad judía en Buenos Aires. En este punto, debemos señalar que Irán estableció una red en América Latina, especialmente en la Triple Frontera, donde confluyen Brasil, Argentina y Paraguay. Más adelante, a partir de 1999, durante el gobierno de Hugo Chávez, Venezuela estrechó vínculos con Irán, se firmaron decenas de acuerdos económicos, políticos y militares secretos; luego, bajo Nicolás Maduro, la cooperación prosiguió sumamente activa.
Irán persiguió a sus propios disidentes: El caso más notorio fue el del ex primer ministro iraní Shapour Bakhtiar en París (1991) y el ocurrido en el restaurante Mykonos en Berlín (1992), donde fueron asesinados líderes kurdos. En 2018, los servicios de inteligencia europeos denunciaron varios intentos de vigilancia y posibles asesinatos de opositores iraníes en Francia, Holanda, Dinamarca y Suecia.
Desde su establecimiento, las autoridades fundamentalistas han amenazado sin ningún pudor, abierta y constantemente con la destrucción de Israel. El apertrechamiento y las acciones bélicas prueban que no fanfarronean y sus advertencias se deben tomar en serio. Así, en 2002, se descubrieron plantas secretas de enriquecimiento de uranio, entre ellas, la de Natanz y Arak, que colocaron a Irán bajo la observación de la ONU, aunque la teocracia ha manipulado a las corruptas autoridades occidentales, por lo que este escrutinio ha sido infructuoso. En el presente, constituye un punto crítico de la seguridad internacional el hecho que Irán tenga más de 400 kilos de uranio enriquecido al 60%. Peor aún, informes recientes del Organismo Internacional de Energía Atómica, OIEA, indican que Irán ha enriquecido uranio al 80% de pureza. No hay razón clara (a menos que sea para el desarrollo de ojivas nucleares) que explique para qué Irán necesita material procesado a tan altos porcentajes, pues para uso civil, por lo general de plantas eléctricas, se requiere enriquecer a un máximo de 5%. Para completar este peligroso panorama, se ha visto el gran desarrollo de misiles balísticos de largo alcance.
Desde que se estableció el régimen islámico iraní han surgido recurrentes oleadas de manifestaciones, con millones de participantes. Pero, especialmente, desde 2009, bajo el liderazgo del Movimiento Verde, hasta estos días, motivadas por la crisis económica, sanciones internacionales y falta de libertades, los iraníes vienen arriesgando sus vidas. Las cifras de víctimas en las protestas sucedidas entre fines de diciembre de 2025 y enero de 2026, son altas; reportes basados en filtraciones de hospitales, morgues y en documentos internos del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, estiman que la cifra real podría superar las 37,000 muertes solo en los días más intensos de la represión. A ello, añadimos a más de 53,000 personas que han sido arrestadas.
Teherán niega rotundamente su participación en toda esta serie de acciones que han puesto a su propia población y al mundo entero en riesgo; mientras que, irremediablemente, las investigaciones demuestran la completa responsabilidad de las estructuras de la Guardia Revolucionaria o de sus brazos externos.