El ataque a la sede de Jabad en Nueva York y el valor de Israel ante el antisemitismo en la diáspora

30/Ene/2026

Por Bernardo Abramovici Levin (Publicado en "State of Israel*******Home of the Jewish People" en Facebook)

 

El CCIU expresa su repudio ante el ataque sufrido en la noche del 28 de enero en la sede de Jabad Lubavitch en Brooklyn y se solidariza con Jabad ante la sucesión de atentados de los que han sido víctimas en diversos lugares.

Sobre el tema les dejamos artículo de Bernardo Abramovici publicado en Facebook.

 

La noche del 28 de enero de 2026 quedará marcada en la memoria de la comunidad judía global como un recordatorio brutal de que el antisemitismo sigue siendo una amenaza activa incluso en sociedades liberales y diversas como la de Estados Unidos. En Brooklyn, Nueva York, un hombre condujo repetidamente su vehículo contra la sede mundial del movimiento Jabad-Lubavitch, ubicada en el histórico edificio de 770 Eastern Parkway, conocido simplemente como 770, un centro espiritual, educativo y comunitario que atrae a miles de personas de todo el mundo. El incidente, que afortunadamente no dejó heridos, está siendo investigado por las autoridades como un posible delito de odio dirigido contra la comunidad judía.

 

Este ataque no fue un accidente trivial. Según relatos presenciales y videos que circulan en redes, el conductor embistió repetidamente la entrada del complejo, dañando las puertas y actuando con un patrón que, por la repetición y la fuerza aplicada, sugiere intención deliberada. Testigos incluso señalan que el hombre gritó a las personas para que se movieran de su camino antes de impactar con el vehículo. La policía, que ya tenía presencia en el lugar por un evento comunitario, intervino rápidamente y detuvo al sospechoso.

 

770 Eastern Parkway no es cualquier edificio. Es el corazón histórico del movimiento Jabad-Lubavitch, una de las corrientes más influyentes del judaísmo jasídico moderno, y el antiguo centro de liderazgo del reverenciado rabino Menachem Mendel Schneerson. A lo largo de décadas, 770 ha simbolizado no sólo la fe religiosa de miles, sino también la continuidad cultural y espiritual de millones de judíos alrededor del mundo. Su importancia va más allá de lo físico: representa un punto de encuentro global, un lugar de acogida para judíos de todas partes, y un símbolo de resiliencia ante la adversidad histórica del pueblo judío.

 

El antisemitismo como amenaza persistente

 

La investigación oficial de la policía de Nueva York como posible hate crime (crimen de odio) revela que incluso en 2026, en una de las ciudades más diversas y cosmopolitas del mundo, existe todavía un ambiente en el que actos de violencia contra judíos no pueden descartarse como meras casualidades o accidentes aislados. El propio alcalde de la ciudad declaró que “el antisemitismo no tiene lugar en Nueva York” y que cualquier amenaza a instituciones judías debe tomarse con extrema seriedad.

 

Este ataque se produce en un contexto donde incidentes antisemitas se han reportado con mayor frecuencia en distintas partes de Estados Unidos y Europa, muchas veces vinculados a retóricas de odio, discursos polarizados y tensiones internacionales que, lamentablemente, encuentran chivos expiatorios en comunidades judías locales. La magnitud simbólica del ataque a 770 — en pleno aniversario comunitario y en un lugar sagrado — acentúa aún más que para muchos judíos la diáspora no es siempre sinónimo de seguridad.

 

Israel como refugio y esperanza

 

Frente a estos ataques, la figura del Estado de Israel emerge no sólo como un actor político en Medio Oriente, sino como un símbolo de autodeterminación, protección y continuidad judía. Para millones de judíos en la diáspora, Israel representa un hogar colectivo donde la identidad judía no es minoría vulnerable sino mayoría soberana. La existencia de un Estado judío con fuerzas de defensa propias y estructuras civiles robustas ofrece una red de seguridad que trasciende fronteras — un recordatorio de que, ante el resurgimiento de odios antiguos, el pueblo judío aún posee un lugar en el mundo donde su vida comunitaria puede florecer sin la sombra constante de ataques motivados por prejuicio religioso o étnico.

 

Este valor de Israel no reside sólo en su capacidad de defensa, sino también en su papel como centro cultural, educativo y espiritual que inspira a judíos en todos los rincones del planeta a mantener su identidad con orgullo y sin miedo. Israel, con su historia de rescates y acogida de comunidades amenazadas, refuerza la idea de que la seguridad judía no es un ideal abstracto, sino una responsabilidad tangible y colectiva.

 

El ataque contra 770 es un llamado de atención global. Aun cuando no hubo víctimas físicas, se trata de un golpe simbólico: un recordatorio de que el antisemitismo persiste y puede manifestarse de formas violentas incluso en sociedades abiertas. Pero, al mismo tiempo, este ataque reafirma la necesidad fundamental de solidaridad dentro de la comunidad judía global y de reconocimiento del valor de Israel como un refugio y fuente de fortaleza.

 

En un mundo donde la intolerancia todavía prospera en gestos y actos de violencia, la respuesta no puede limitarse a la condena formal. Requiere acción consciente, defensa comunitaria activa, educación contra el odio y valoración del judaísmo como herencia viva. Y en este entramado de resistencia cultural y espiritual, el valor de Israel permanece como un pilar irreemplazable para la supervivencia y dignidad del pueblo judío.