Latinoamérica parece haber quedado al margen
de la ola de trágicos atentados que sacude a Europa. Sin embargo, la ausencia
de estos lamentables desarrollos no debería llevarnos a asumir una falsa
sensación de seguridad. Si bien los ataques islamistas con armas de fuego, cuchillos
o furgonetas no son parte de la realidad cotidiana en nuestra región, Hezbollah
y otras organizaciones de similar inspiración han montado células operativas
que podrían pasar a la acción de un momento a otro.
Y esto no es solo una teoría. Ya ocurrió más
de una vez. La semana pasada se conmemoró el 24° aniversario de dos de los
ataques terroristas más sangrientos en América Latina: los atentados contra el
centro comunitario judío AMIA en Argentina y un avión de pasajeros en Panamá.
Hezbollah, siguiendo directivas de Irán, planificó y ejecutó estos actos
execrables en los cuales más de cien latinoamericanos fueron asesinados y
cientos resultaron heridos. Las redes locales de apoyo, construidas
pacientemente durante años, fueron fundamentales para estos crímenes. Ya en
1992, la embajada de Israel en Buenos Aires fue blanco de otro ataque
terrorista también a manos de Hezbollah, a instancias de Irán, que resultó en
decenas de muertos y heridos.
Pese a que las agencias de inteligencia del
hemisferio han estado alertas, la amenaza persiste. Los grupos islamistas han
logrado establecer bastiones en zonas donde los controles son laxos y desde
allí lavan dinero para financiar sus actividades terroristas. Esto es lo que debes
saber.
Redes operativas y células dormidas
Interpol y numerosas fuerzas de seguridad han
advertido repetidamente sobre la presencia de agentes ligados a Hezbollah en
lugares difíciles de monitorear. Estas áreas incluyen la Triple Frontera entre
Argentina, Brasil y Paraguay; Iquique en Chile, Maicao en Colombia, Isla
Margarita en Venezuela, y Trinidad y Tobago. Estos operativos recaudan fondos
para financiar las actividades terroristas de la organización, lavan dinero,
reclutan a nuevos miembros y fortalecen sus lazos con los cárteles de México y
Colombia, y con el crimen organizado.
Días atrás, Argentina congeló los activos del
llamado «clan Barakat», una poderosa familia de origen libanés
afincada en Ciudad del Este, en Paraguay, por el supuesto intento de blanquear
10 millones de dólares a través del circuito de casinos en el lado argentino de
la Triple Frontera. En 2004, Estados Unidos definió a Assad Ahmad Barakat, el
líder del clan, como «uno de los miembros más prominentes e influyentes de
Hezbollah». Adicionalmente, el clan usa sus redes de negocios mayoristas
de electrónicos y ropa para enviar dinero a Hezbollah.
Comercio de pasaportes
Misael López, el exconsejero legal de la
embajada de Venezuela en Irak, denunció a su país por vender pasaportes a gente
afiliada con Hezbollah, permitiendo a potenciales terroristas circular
libremente por América Latina y 26 países europeos. López dijo que el actual
vicepresidente de Venezuela, Tareck El Aissami, dio la orden de emitir 173
pasaportes, cuyo costo por unidad era de 15 mil dólares, entre 2008 y 2012.
Hoy, El Aissami es uno de los individuos más poderosos de Venezuela y mantiene
fuertes vínculos con funcionarios afines al dictador sirio Bashar al Assad. El
vicepresidente enfrenta en la actualidad acusaciones de participar en hechos de
corrupción, lavado de dinero y narcotráfico.
El exmandatario venezolano Hugo Chávez es el
responsable de haber abierto las puertas de América Latina a Irán y sus
prosélitos. El fallecido líder populista forjó una alianza estratégica con el
expresidente iraní Mahmoud Ahmadinejad y por años permitió un vuelo directo
semanal entre Caracas y Teherán. Fuentes de inteligencia colombianas reportaron
que agentes del Medio Oriente lograron acceso irrestricto a Venezuela y el resto
de Sudamérica gracias a esos vuelos.
¿Qué quiere el radicalismo islamista?
La larga lista de grupos terroristas
islamistas incluye a Hezbollah, Hamas, Yihad Islámica, ISIS, Al Qaeda, Boko
Haram, los Hermanos Musulmanes, los Guardias Revolucionarios de Irán y muchos
otros más. Estas organizaciones están imbuidas de una ideología fanática,
basada en una interpretación distorsionada del islam.
Más allá de las históricas divisiones entre
chiitas y sunitas, estos movimientos tienen una aspiración en común:
transformar al Medio Oriente, Norte de África y partes de Europa en un califato
gobernado por la versión más extrema de la ley de la sharía. Ellos también
buscan la destrucción de Israel y pretenden que el resto del mundo se someta a
su voluntad.
Para dichos grupos, la civilización occidental
y todo lo que huele a libertad debe de ser erradicado. Aquellos que creen que
Estados Unidos, Israel y otros países democráticos son los responsables de su
comportamiento radical no tienen en cuenta que los propios musulmanes son el
blanco número uno de los radicales islamistas.
Estado de derecho, vigilancia y coordinación:
las armas contra el terrorismo
Con la excepción de Brasil, la legislación
antiterrorista de América Latina no tiene los alcances necesarios para combatir
este flagelo. Hasta el momento, solo la ley brasileña de 2016 probó ser una
herramienta más efectiva para el combate al terrorismo islamista.
Con el nuevo marco legal, las agencias de
seguridad del gigante sudamericano lograron evitar un ataque terrorista
islamista durante los Juegos Olímpicos del 2016, y arrestaron a 16 miembros de
un grupo ligado a ISIS en 2018. La norma no solo penaliza el acto terrorista
per se, sino también los aspectos involucrados en la promoción y la preparación
del terrorismo, el reclutamiento, el entrenamiento y el financiamiento del
terrorismo.
La mayoría de los países latinoamericanos se
han adherido a múltiples declaraciones y resoluciones de la Organización de
Estados Americanos (OEA) que abordan la lucha coordinada contra el terrorismo
en las Américas. Ya es hora de que nuestros gobiernos implementen nuevas
políticas que identifiquen al terrorismo global, incluyendo al islamista, como
una amenaza específica, publiquen un listado de grupos terroristas que incluya
a Hezbollah y otras organizaciones afines, y optimicen la coordinación entre
las agencias de seguridad e inteligencia regionales e internacionales para
combatir a estos grupos y sus redes de apoyo.
El terrorismo islamista se opone a los valores
con los que los latinoamericanos nos identificamos: la democracia, la paz, la
inclusividad, la libertad y la vida. Debemos actuar mancomunadamente para
defender estos principios.
El autor es director asistente para medios en
español del Comité Judío Americano (AJC).
Terrorismo islamista en América Latina: ¿estamos expuestos?
31/Jul/2018
Infobae- por Patricio Abramzon