Científico israelí trabaja en vacuna contra el Alzheimer

05/Jun/2018

Israel21c

Científico israelí trabaja en vacuna contra el Alzheimer

Probada hasta ahora en ratones y desarrollada
por el doctor Eitan Okun, se centra en la proteína beta-amiloide, que se
acumula en el cerebro de las personas que sufren esta enfermedad mortal.
El Alzheimer, que afecta a unos 47 millones de
personas en todo el mundo, sigue siendo por ahora un trastorno cerebral
irreversible y mortal. Con un enfoque proactivo, un investigador del cerebro en
Israel, Eitan Okun está desarrollando una vacuna contra esa enfermedad.
La mayoría de las vacunas funcionan mediante
el desarrollo de una respuesta inmune a un patógeno debilitado para aumentar la
capacidad del sistema inmunológico para combatir al verdadero patógeno. La
vacuna de Okun prepara al organismo para atacar las acumulaciones de proteína
beta-amiloide en el cerebro, uno de los signos característicos del Alzheimer.
Los experimentos en ratones hechos en el
laboratorio Paul E. Feder para la Investigación del Alzheimer, en la
Universidad Bar-Ilan de Ramat Gan, que dirige Okun, han demostrado ser muy
prometedores, según informes.
Okun está preparando pruebas con personas con
riesgo genético de desarrollar la enfermedad a los 50 años de edad o menos y con
pacientes con síndrome de Down.
“Esas pruebas, que son fundamentales,
determinarán si la vacuna realmente funciona en humanos”, dijo Okun, quien
también está investigando por qué las personas con síndrome de Down son más
propensas a desarrollar Alzheimer. Los ratones que usaron en los experimentos
fueron modificados genéticamente para simular el síndrome de Down.
“Dependiendo
del índice de éxito y los efectos secundarios de las pruebas [con humanos],
podremos saber cuánto tiempo necesitaremos para que la vacuna esté en el
mercado a escala mundial. Estoy convencido de que enfocarnos en la vacunación
es el camino para seguir con las enfermedades neurodegenerativas”, dijo.
Además de la vacuna, Okun está investigando
nuevas formas de diagnosticar el Alzheimer en fases más tempranas y de forma
más precisa por medio de tecnologías avanzadas de resonancia magnética para
detectar los signos iniciales de grupos de proteínas amiloides acumuladas en el
cerebro.
“Mis investigadores y yo intentamos crear una
proteína que pueda entrar en el torrente sanguíneo, atravesar la barrera
hematoencefálica, unirse a los amiloides y luego ser visible en una resonancia
magnética”, explicó. “Siempre estoy buscando nuevos enfoques para atacar la
enfermedad. Y nunca he sido tan optimista como ahora para lograr su
prevención”.
Okun, de 39 años, obtuvo su maestría y
doctorado en inmunología en Bar-Ilan y recibió una beca para su posdoctorado en
los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos. Es profesor también
en el Centro de Investigación Multidisciplinaria del Cerebro Leslie y Susan
Gonda (Goldschmied) y la Facultad Mina y Everard Goodman de Ciencias de la
Vida, ambos de Bar-Ilan.
Además de la vacuna, aconseja una combinación
de ejercicio físico y estimulación ambiental para ayudar a que el cerebro evite
el Alzheimer, lo que aumenta y fortalece las conexiones de las espinas
dendríticas que intervienen en nuestra capacidad para generar recuerdos.
“En nuestro laboratorio usamos técnicas
multidisciplinarias para alcanzar dos objetivos: identificar los mecanismos
neuronales asociados con el deterioro cognitivo leve y, al mismo tiempo, buscar
indicadores que permitan que los médicos identifiquen los pacientes en riesgo
para que puedan así recibir el tratamiento preventivo para la demencia antes de
que sea demasiado tarde”, dijo Okun.
También estudia formas de prevenir y
diagnosticar mejor otras afecciones neurológicas, como el Parkinson.
“Actualmente no hay cura para las enfermedades
neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson, y la ciencia médica sólo
puede identificarlas de manera conductual, o sea partir de los síntomas que
indican que el tejido cerebral ya ha sido destruido”, agregó.
“Nuestro desafío es encontrar las pistas en la
biología molecular y la bioquímica del cerebro que indican que hay un problema,
y que también nos darían posibles objetivos en los cuales centrarnos para
intervención farmacológica temprana”.
Aunque ha estado estudiando el cerebro durante
muchos años, una experiencia personal —a su padre le diagnosticaron demencia a
los 60 años— le mostró a Okun la importancia de la investigación sobre la
neurodegeneración.
“Cuando sus cambios en la función motora y
cognitiva se hicieron evidentes, los tejidos del cerebro ya se habían perdido.
Espero que, al conocer mejor lo que le sucede al cerebro a medida que
envejecemos, podamos ayudar a las personas a vivir una vida más plena y más
saludable cognitivamente”.