El 5 de enero de 1895, el oficial del ejército Alfred Dreyfus, del Estado Mayor General de Francia que fuera acusado de espionaje y de haber entregado documentos militares secretos del gobierno francés, fue degradado de su cargo y enviado a cumplir condena a una terrible presión e Isla del Diablo. De este modo, en aras de una operación de inteligencia contra Alemania, se eligió a Dreyfus, el judío, como culpable.
Alfred Dreyfus era un oficial francés, descendiente de una antigua familia de industriales alsacianos, de origen judío.
Ingresado al ejército francés, con grado de capitán en el Estado Mayor General, estuvo adscripto al Ministerio de la Guerra.
En poco tiempo, tomado como chivo expiatorio, pasó a ser víctima de prejuicios raciales y sociales, conformándose así el “affaire Dreyfus” a raíz de lo ocurrido en setiembre de 1894.
Entonces, un pedazo de papel con reportes detallados de las posiciones de los soldados franceses e información sobre artillería, fue encontrado en un tacho de basura en la embajada de Alemania. El manuscrito de este documento, llamado el “bordereau” fue atribuído a Dreyfus. A pesar de la falta de pruebas, Dreyfus fue arrestado.
El 5 de enero de 1895 Dreyfus fue degradado en el Patio de Honor de la Escuela Militar de París. Le arrancaron los botones, las bandas de los pantalones, las insignias de grado y partieron su sable. Unas 20.000 personas siguieron el acto en actitud febril. Las heridas de la guerra francoprusiana todavía estaban abiertas; Alsacia, precisamente, había sido anexionada por Alemania, y Dreyfus era el perfecto chivo expiatorio en un momento de antisemitismo rampante.
Gran parte de la prensa francesa instaba a la sociedad a creer en esta acusación. Tal el caso del periódico antisemita “La Libre Parole”.
Dreyfus fue enviado a cumplir condena en la terrible prisión de la isla del Diablo, en la Guayana francesa, y sometido a humillaciones en condiciones degradantes. Pero siempre insistió en su inocencia y creyó en la justicia, por lo que no dejó de luchar por su rehabilitación.
La evidencia de la injusticia que se estaba cometiendo atrajo a un número cada vez mayor de personalidades públicas a su causa, Clemenceau, Anatole France, Léon Blum o Jean Jaurès, entre otros. Pero quien más y mejor marcaría el caso fue el escritor Émile Zola, autor del famoso artículo J’accuse (Yo acuso), una carta al entonces presidente de la República, Félix Faure, publicado en la primera página del diario L’Aurore el 13 de enero de 1898, donde denunciaba «un crimen de lesa humanidad». Por ello, Zola fue condenado a un año de prisión.
El caso Dreyfus generó una auténtica batalla en la opinión pública, que trascendió incluso las fronteras de Francia. El proceso fue revisado varias veces y el condenado logró la amnistía en 1899 pese a no conseguir que se reconociera su inocencia. Pero ello no le impidió proseguir su combate judicial hasta que el Tribunal Supremo le restituyó sus honores militares el 12 de julio de 1906, eximiéndolo de todo cargo.
El militar fue readmitido en el ejército con la graduación de comandante y se le concedió la Legión de Honor; y hasta sirvió en la Primera Guerra Mundial como teniente coronel.
Murió en 1935.
Caso Dreyfus: antisemitismo en los albores del siglo XX
05/Ene/2018