Israel demuestra que la “Era de la Desalinización” ha llegado

15/May/2017

Hatzad Hasheni, por: Rowan Jacobsen

Israel demuestra que la “Era de la Desalinización” ha llegado

A diez millas al sur de Tel Aviv, estoy de
pie en una pasarela sobre dos depósitos de concreto del tamaño de un campo de
fútbol y veo verter agua en estos desde una tubería inmensa que surge de la
arena. El tubo es tan grande que yo pusiese caminar a través de este de pie en
posición vertical, si no estuviese lleno de agua proveniente del Mediterráneo
bombeada desde una toma a una milla de la costa.
“Ahora, eso sí es una bomba de agua!” Edo
Bar-Zeev me grita con voz alta por encima del ruido de los motores, con una
sonrisa de admiración no disimulada dentro del lugar que ocupamos. Los embalses
debajo de nosotros contienen varios pies de arena a través de los cuales el
agua de mar se filtra antes de entrar a un hangar metálico extenso, donde se
convierte en agua potable suficiente para abastecer a 1.5 millones de personas.
Estamos junto a la nueva planta
desalinizadora Sorek, la planta de desalinización por ósmosis inversa más
grande del mundo y estamos viendo justo la salvación de Israel. Hace apenas
unos años, en las profundidades de su peor sequía en al menos 900 años, Israel
se estaba quedando sin agua. Ahora posee un superávit. Ese notable vuelco fue
logrado a través de campañas nacionales para conservar y reutilizar los escasos
recursos de agua de Israel, pero el mayor impacto llego por una nueva línea de
plantas de desalinización.
Bar-Zeev, que recientemente se unió a
Instituto Zuckerberg para la Investigación del Agua en Israel luego de
completar su trabajo post-doctorado en la Universidad de Yale, es experto en
bio-contaminación, lo cual siempre ha sido el talón de Aquiles de la
desalinización y una de las razones por las que ha sido considerado como un
último recurso. La desalinización funciona empujando el agua salada hacia las
membranas que contienen poros microscópicos. El agua pasa a través de estas,
mientras que las moléculas más grandes de sal son dejadas atrás. Pero los microorganismos
en el agua de mar colonizan rápidamente las membranas y bloquean los poros y
controlarlos requiere de una periódica costosa, e intensiva limpieza química.
Pero Bar-Zeev y sus colegas desarrollaron un sistema libre de químicos en
piedra volcánica porosa a fin de capturar los microorganismos antes de que
alcancen las membranas. Es sólo uno de los muchos avances en la tecnología de
membranas que han hecho de la desalinización un proceso mucho más eficiente.
Israel recibe ahora el 55% de su agua para uso doméstico del proceso de
desalación y esto ha contribuido a convertir uno de los países más secos del
mundo en el más improbable de los gigantes en materia de agua.
Impulsado por la necesidad, Israel está
aprendiendo a sacarle más provecho a una gota de agua que cualquier país de la
Tierra y gran parte de ese aprendizaje está ocurriendo en el Instituto
Zuckerberg, donde investigadores han sido pioneros en las nuevas técnicas de
riego por goteo, tratamiento de aguas y en desalinización. Estos han desarrollado
resistentes sistemas de pozos para aldeas africanas y contenedores biológicos
los cuales pueden reducir a la mitad el consumo de agua en la mayoría de
hogares.
La misión original del instituto fue
mejorar la vida en el desértico Negev en Israel, pero las lecciones parecen
cada vez más aplicables a todo el Creciente Fértil. “El Medio Oriente se está
secando”, dice Osnat Gillor, profesor en el Instituto Zuckerberg quien estudia
el uso de las aguas residuales recicladas en cultivos. “El único país que no
sufre de un estrés agudo de agua es Israel”.
Ese estrés de agua ha sido un factor
importante en los disturbios que desgarran al Medio Oriente, pero Bar-Zeev cree
que las soluciones de Israel pueden ayudar también a sus resecos vecinos – y en
el proceso, reunir a viejos enemigos en una causa común.
Bar-Zeev reconoce que el agua muy
probablemente sea una fuente de conflicto en el Medio Oriente a futuro. “Pero
creo que el agua puede ser un puente, a través de empresas conjuntas”, dice él.
“Y una de esas empresas es la desalinización”.
Llevados a la desesperación
En el 2008, Israel estuvo al borde de una
catástrofe. Una sequía de diez años había reducido a cenizas el Creciente
Fértil y la mayor fuente de agua dulce de Israel, el Mar de Galilea, se redujo
a unas pocas pulgadas de la “línea negra” en el que la irreversible
infiltración de sal pudiera inundar el lago y arruinarlo para siempre. Se
impuso una restricción en el agua y muchos agricultores perdieron las cosechas
de un año.
A sus homólogos en Siria les fue peor. A
medida que se intensificaba la sequía y el nivel de agua llegaba a sus niveles
más bajos, los agricultores sirios se enfrascaron en perseguirla, perforando
pozos de 100, 200, luego 500 metros (300, 700 y luego 1.600 pies) en una
carrera literal hacia el fondo. Con el tiempo, los pozos se secaron y las
tierras de cultivo sirias colapsaron en una épica tormenta de polvo. Más de un
millón de agricultores se unieron a los barrios masivos en las afueras de
Alepo, Homs, Damasco y otras ciudades en un vano intento por encontrar trabajo
y propósito.
Y eso, según los autores de “Cambio
Climático en el Fértil Creciente y Consecuencias de la Reciente Sequía Siria”,
un documento del 2015 en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, fue la
mecha que incineró completamente a Siria. “El rápido crecimiento de las
periferias urbanas sirias”, estos escribieron, “marcada por los asentamientos
ilegales, el hacinamiento, la mala infraestructura, el desempleo y la
delincuencia y el crimen, fueron abandonados por el gobierno de Assad y se
convirtieron en el centro de disturbios en desarrollo”.
Historias similares son relatadas en todo
el Medio Oriente, donde la sequía y el colapso agrícola han producido una
generación fútil, sin perspectivas y resentimientos latentes. Irán, Irak y
Jordania todos enfrentan catástrofes en lo referente al agua. El agua está
impulsando a toda la región a acciones desesperadas.
Más agua de la necesaria
Excepto Israel. Sorprendentemente, Israel
tiene más agua de la que necesita. El cambio de tendencia se inició en el 2007,
cuando se instalaron inodoros de bajo flujo y cabezales de ducha en todo el
país y la autoridad nacional del agua construyó innovadores sistemas de
tratamiento de aguas que recuperan el 86% del agua que se escurre por el
desagüe y lo utilizan para el riego – inmensamente mayor que el segundo país
más eficiente del mundo, España, que recicla el 19%.
Pero incluso con estas medidas, Israel
todavía necesita alrededor de 1,9 millones de metros cúbicos (2,5 millones de
yardas cúbicas) de agua dulce por año y obtenía sólo 1,4 millones de metros
cúbicos (1,8 millones de yardas cúbicas) de fuentes naturales. Ese déficit de
500 millones de metros cúbicos (650 millones de yardas cúbicas) era por qué el
mar de Galilea se estaba drenando como una bañera sin tapón y por qué el país
estaba a punto de perder sus granjas.
Introduciendo la desalinización. La planta
de Ashkelon, en el 2005, aportó 127 millones de metros cúbicos (166 millones de
yardas cúbicas) de agua. Hedera, en el 2009, colocó otros 140 millones de
metros cúbicos (183 millones de yardas cúbicas). Y ahora Sorek, 150 millones de
metros cúbicos (196 millones de yardas cúbicas). Todas las plantas
desalinizadoras contadas pueden proveer unos 600 millones de metros cúbicos
(785 millones de yardas cúbicas) de agua al año y vienen más en camino.
El Mar de Galilea es más completo. Las
granjas de Israel están prosperando. Y el país se enfrenta a una pregunta
previamente impensable: ¿Qué hacer con el agua sobrante?La diplomacia del agua
Dentro de Sorek, 50.000 membranas
encerradas en cilindros verticales blancos, cada uno de 4 pies de alto y 16
pulgadas de ancho, zumben como motores a reacción. Todo el lugar se siente como
en una nave espacial que palpita y está a punto de despegar. Los cilindros
contienen hojas de membranas plásticas envueltas alrededor de un tubo central y
las membranas están perforadas con poros de menos de un centésimo de diámetro
de un cabello humano. El agua es disparada hacia los cilindros a una presión de
70 atmósferas y es empujada a través de las membranas, mientras que la
salinidad restante es devuelta al mar.
El proceso de desalinización solía ser un
costoso proceso de energía, pero el tipo de tecnologías avanzadas empleada en
Sorek ha sido un elemento de cambio. El agua producida por la desalación cuesta
sólo un tercio de lo que valía en la década de los 90. Sorek puede producir mil
litros de agua potable a 58 centavos. Los hogares israelíes pagan alrededor de
US$30 al mes por el agua – similar a los hogares en la mayoría de las ciudades
estadounidenses y mucho menos que Las Vegas (US$47) o Los Angeles (US$58).
La Asociación Internacional de Desalación
afirma que 300 millones de personas reciben agua del proceso de desalación y
esa cifra crece rápidamente. IDE, la compañía israelí que construyó Ashkelon,
Hadera y Sorek, recién terminó la desalinizadora Carlsbad al sur de California,
un pariente cercano de sus plantas en Israel y tiene muchas más en proyecto. A
nivel mundial, el equivalente a seis plantas Sorek adicionales se están
produciendo en la red cada año. La era de la desalación ya llego.
Lo que más emociona a Bar-Zeev es la
oportunidad de utilizar la diplomacia del agua. Israel suministra a Cisjordania
con agua, tal como es requerido por los Acuerdos de Oslo II de 1995, pero los
palestinos siguen recibiendo mucho menos de lo que necesitan. El agua ha sido
un tema de controversia entrelazado con otras negociaciones en el nefasto
proceso de paz, pero ahora que existe más bajo la manga, muchos observadores
ven la oportunidad de despolitizarlo. Bar-Zeev tiene ambiciosos planes para
realizar una conferencia ‘El Agua No Conoce Fronteras’ en el 2018, que reunirá
a científicos conocedores del tema del agua de Egipto, Turquía, Jordania,
Israel, Cisjordania y Gaza para una reunión de cerebros.
Aún más ambicioso es el Canal Marítimo del
Mar Rojo-Mar Muerto, una empresa conjunta entre Israel y Jordania con el fin de
construir una gran planta de desalinización en el Mar Rojo, donde comparten una
frontera y dividen el agua entre los israelíes, jordanos y palestinos. La
descarga de agua salina de la planta será redirigida a 100 millas al norte a
través de Jordania para reponer al Mar Muerto, que ha reducido sus aguas un
metro por año desde que los dos países comenzaron a desviar el único río que lo
alimenta en la década de 1960. En el 2020, estos antiguos enemigos beberán del
mismo grifo.
Al otro extremo de la planta Sorek,
Bar-Zeev y yo tenemos la oportunidad de compartir también un grifo. Saliendo de
la línea principal, donde el agua de Sorek entra en la red israelí es una
espiga simple, un distribuidor de vasos de papel junto a este. Abro el grifo y
bebo vaso tras vaso lo que fue el Mar Mediterráneo hace 40 minutos. Tiene un
sabor frío, claro y milagroso.
Los contrastes no podían ser más marcados.
A pocas millas de aquí, el agua desapareció y la civilización se desmoronó.
Aquí, una civilización galvanizada creó agua de la nada. Mientras Bar-Zeev y yo
bebemos a todo dar y el clima arde en la piel, me pregunto cuál de estos
relatos será la excepción y cuál será la regla.
Rowan Jacobsen es autor especializado en
alimentación, sostenibilidad y sistemas naturales