En este mes de abril se cumplen 1380 años
del regreso de los judíos a Jerusalén luego de una prohibición de 500 años (con
una breve excepción de 15 años).
En el año 135 las tropas romanas habían
vencido a los judíos liderados por Bar Kojba, el Emperador Adriano había
eliminado la provincia de Judea fusionándola con parte de la provincia Siria,
llamando a la nueva provincia Siria-Palestina. Fundó la ciudad de Aelia
Capitolina en el sitio de Jerusalén, prohibiendo a los judíos que entraran en
ella.
Luego, en el siglo IV Constantino I el
Grande permitió a los judíos entrar en Jerusalén pero solamente una vez al año:
el día 9 del mes de Av, fecha en que se conmemora la destrucción del Primer y
Segundo Templo (1).
En el año 395 el Imperio Romano se divide
en dos: Imperio Romano de Occidente e Imperio Romano de Oriente, conocido
también como Imperio Bizantino, con capital en Constantinopla. La zona de la
Provincia Siria-Palestina quedó bajo dominio bizantino.
Bajo el mando bizantino se dividió Siria-Palestina
en dos nuevas provincias: Palestina Prima y Palestina Secunda, una línea
imaginaria en diagonal desde el norte del Mar Muerto en oriente hasta un punto
intermedio entre las actuales ciudades de Haifa y Akko en occidente era el
límite entre las dos provincias palestinas dentro del Imperio Bizantino.
El siglo VII
Entre los años 602 y 628 tuvieron lugar las
guerras entre el Imperio Bizantino (cristiano) y el Imperio Persa (entonces
gobernado por una dinastía devota de la religión fundada por Zarathustra).
En el marco de dichas guerras, en el año
613, las tropas persas llegaron a la Galilea, donde residía entonces la mayor
parte de los judíos de Palestina, que se unieron a los persas rebelándose
contra el Emperador bizantino Heraclio.
El ejército persa reforzado por las fuerzas
judías lideradas por Nejemías ben Ḥushiel y Benjamín de Tiberíades entraron en
Jerusalén en el año 614.
Los persas establecieron un gobierno
autónomo judío en Jerusalén, esta autonomía duró unos 15 años: en el año 629
los bizantinos vencieron a los persas, recuperaron Jerusalén, masacrando a los
judíos.
Paralelamente, en la Península Arábiga
surgía el Islam.
El profeta Mahoma falleció en el año 632,
sus sucesores son conocidos como los “califas”, el primero de ellos fue Abu
Bakr (632–634) y el segundo fue el Califa Omar (634–644).
Durante el período de Mahoma y del primer
califa Abu Bakr, la civilización árabe-musulmana se había expandido dentro del
territorio de la Península Arábiga. Con el califa Omar, se expandirá hacia Siria,
Palestina, Egipto y Mesopotamia.
Las tropas enviadas por Omar comenzaron el
sitio de la ciudad de Jerusalén (entonces en manos bizantinas) en noviembre del
636, el sitio culminó con la rendición bizantina en abril del 637, siendo
entregada al Califa Omar que llegó en persona a la ciudad.
Un historiador que profundizó el ingreso
musulmán a Jerusalén y su significado a nivel judío fue Moshé Guil (2) quien
recurre a fuentes de diversos orígenes (como corresponde a una seria
investigación histórica):
Guil se basa en la obra del rabino
austríaco Adolf (Aaron) Jellinek “Beth ha-Midrash” elaborada en seis partes
entre 1853 y 1878. En esta obra se incluía el documento “Nistarot Rabí Shimon
ben Iojai”, que es una interpretación “mesiánica” de la conquista árabe del
637, fue escrita siglos después.
Algunos fragmentos de esta obra citada por
Guil expresan “El segundo rey de los ismaelitas será un amigo de Israel.
Reparará (…) los muros del Templo” (3).
Guil continúa: «Una crónica judía, (…) la
cual sobrevivió entre los documentos de la geniza (4), apoya la opinión de que
fue «Omar quien dio permiso a los judíos para reasentarse en Jerusalén y
que, como consecuencia de esa decisión, setenta familias judías se trasladaron
de Tiberias a Jerusalén”»(5).
En el capítulo escrito por Guil en la obra
editada por Joshua Prawer y Haggai Ben-Shammai “The History of Jerusalem: The
Early Muslim Period (638-1099)”, el historiador expresa:
Otra cita de Guil basada en Jellinek
expresa:
«En una carta enviada a mediados del siglo
XI desde una yeshiva de Jerusalén hacia una comunidad judía en la diáspora
(aparentemente, Egipto) leemos lo siguiente: “Fue gracias a Dios, que volvió
hacia nosotros la compasión del reino ismaelita, que extendió su mano y capturó
la Tierra Santa de los edomitas y vinieron a Jerusalén. Con los ismaelitas
fueron judíos, quienes les mostraron el sitio del Templo y han permanecido con
ellos [en Jerusalén] desde aquel tiempo hasta este mismo día…”» (6).
Otro fragmento de la carta desde la yeshivá
citada por Guil hace referencia a cómo musulmanes y judíos participaron
conjuntamente en el trabajo de limpiar el Monte del Templo inmediatamente
después de la conquista musulmana y destaca que el Califa Omar confiaba en los
judíos para localizar los puntos sagrados:
«Todos los residentes musulmanes de
Jerusalén y de todo el distrito, junto con un grupo de judíos, tomaron parte.
Posteriormente, se ordenó a los musulmanes y a los judíos que limpiaran la
basura del Monte del Templo, y «Umar supervisó la obra en todo
momento.» Siempre que algún antiguo remanente fuera descubierto, él
preguntaría a los ancianos entre los judíos acerca de la Roca, a saber la
piedra fundacional del templo [Even ha-Shetiya] y uno de los sabios señalaría
los bordes del lugar, hasta que fue descubierto…» (7).
-Fuentes musulmanas:
Guil encuentra semejanzas entre el referido
relato de la carta desde la yeshivá y relatos tradicionales musulmanes: «estas
declaraciones corresponden a lo que se dijo en las crónicas musulmanas, en las
que ese «uno de los sabios» era Ka’b al-Ahbar,» (8).
«Las tradiciones musulmanas atribuyen
especial importancia a la visita del califa Umar al Monte del Templo, la
mayoría de ellos agrega a su comitiva en esta visita a Ka’b al-Ahbar, un judío
del sur de la Península Arábiga que se unió a los musulmanes se convirtió al
Islam y fue considerado una autoridad en asuntos de los judíos y su Torá» (9).
Reflexiones
En la actualidad la ciudad de Jerusalén
constituye un elemento medular en el conflicto árabe-israelí.
El factor religioso está teniendo cada vez
más peso en dicho conflicto, Moshé Dayan como Ministro de Defensa israelí hace
cincuenta años, previó que esa situación ocurriría. Para evitarlo decidió luego
de la Guerra de los Seis Días que el Waqf (institución islámica que administra
lugares santos) de Jerusalén, continuaría administrando el “Monte del Templo”
como lo venía haciendo desde las victorias musulmanas contra los cruzados en la
Edad Media.
Con la misma idea Israel, por iniciativa de
Dayán prohibió que judíos rezaran en el Monte (las autoridades rabínicas fueron
más lejos y confirmaron una resolución que ya existía: los judíos no pueden
subir al Monte porque no se sabe cuál era el lugar exacto del “Kodesh
haKodashim”, lugar del arca de la Alianza, donde sólo una vez al año entraba el
Gran Sacerdote del Templo y nadie más).
Para no mezclar política y religión, Dayán
consideró que la soberanía política en el Monte correspondería al gobierno de
Israel (a través de la policía) y la soberanía religiosa correspondería al
Islam a través del Waqf. La autoridad religiosa judía tendría la administración
del Muro de los Lamentos (lindero al Monte del Templo).
Hasta ese momento, la monarquía jordana
(que gobernaba la parte oriental de la ciudad desde la guerra de 1948-49)
prohibía a los judíos llegar al Muro de los Lamentos.
Como hemos visto, la postura de la
monarquía jordana no era coherente con la política llevada históricamente por
las autoridades musulmanas que gobernaron Jerusalén.
La llegada de los musulmanes en el 637
significó el regreso de los judíos a la ciudad, la historia se repetiría cuando
en 1187 las tropas musulmanas del Rey Saladino recuperan Jerusalén frente a los
cruzados que habían masacrado la población judía de la ciudad.
Hace 500 años (en 1517) otro imperio
musulmán (el turco) conquistó Palestina (que hasta entonces estaba en manos de
los mamelucos, también musulmanes), lo que determinó una gran emigración de
judíos sefaradíes a la ciudad de Safed y en grado menor a Jerusalén (10).
El Profesor Emérito de la Universidad de
Bar Ilán, F. M Loewenberg afirma que “En 1550 [el Sultán Suleimán] instruyó a
su arquitecto de la corte para preparar el Muro Occidental del Monte del Templo
como un lugar para la oración judía. (…) Suleiman emitió un decreto real que
estableció el derecho de los judíos a rezar en el Muro Occidental para todos
los tiempos” (11).
Con el correr de los siglos, la convivencia
entre distintos grupos a lo largo del Imperio Otomano se fue deteriorando. En
1854 el pensador Karl Marx trabajaba como corresponsal para el NewYork Daily Tribune, en un extenso artículo
sobre la Guerra de Crimea describe la situación social en Jerusalén donde
expresa: “Nada iguala la miseria y los sufrimientos de los judíos de Jerusalén
habitando el barrio más sucio de la ciudad, llamado Haret al Yahud, entre el
[Monte] Sión y el [Monte] Moriah donde están situadas sus sinagogas” “Son
objeto constante de opresión e intolerancia por parte de los musulmanes,
insultados por los griegos, perseguidos por los latinos y viviendo sólo gracias
a las escasas limosnas transmitidas por sus hermanos europeos” (12).
Es así que Jerusalén cuenta con un pasado
donde se mezclan la convivencia y la discordia, en la actualidad están
presentes los dos aspectos simultáneamente.
La convivencia se manifiesta cuando puede
escucharse el sonido del shofar en el Muro de los Lamentos en Yom Kippur,
mientras al mismo tiempo se escucha el llamado del almuecín desde los minaretes
de las mezquitas, y el repique de las campanas de las Iglesias.
Pero también existen elementos de discordia
que pueden sintetizarse en las palabras del prestigioso escritor israelí David
Grossman, quien expresa sobre Jerusalén: “Me encanta cada uno de sus rincones
pues aquí nací y tengo recuerdos muy íntimos vinculados con pasajes de mi vida
(…). Pero al mismo tiempo (…) Me resulta un lugar insoportable, extremo y
fanático.” (13)
Estos últimos son los aspectos que deben
desterrarse en el futuro.
(1)Pohlsander,
Hans A. Emperor Constantine. Routledge – Taylor & Francis, Second edition,
New York, 2004. Pág. 82.
(2) Nacido
en Polonia en 1921, desde su infancia residió en Rumania, fue arrestado por el
gobierno rumano pro Eje en 1942 hasta 1944 cuando cayó dicho gobierno al
ingresar el Ejército Rojo al país.
En 1945 emigró a la entonces Palestina
británica, instalándose en un kibutz, estudió en la Universidad de Tel Aviv
donde fue un destacado profesor. Obtuvo el Premio Israel (entregado a quienes
demuestran excelencia en su área) en 1988. Falleció en Tel Aviv en 2014.
(3) Gil,
Moshe (1997). A History of Palestine, 634–1099. Cambridge, United Kingdom:
Cambridge University Press. Pág. 70.
(4) Se
refiere a la Guenizá de El Cairo, una colección de 300.000 manuscritos
encontrados en el depósito de una sinagoga de El Cairo en el Siglo XIX. Las
sinagogas cuentan con el depósito llamado guenizá para almacenar textos que se
consideran que ya no tienen utilidad pero que deben desecharse con respeto,
cuando una guenizá se llena, se retira el material, se quema y entierra.
(5) Gil,
op. cit. Pág. 70.
(6) Ídem.
Pág 71. Guil también la cita en el capítulo redactado por él en: Ben-Shammai,
Haggai – Prawer, Joshua: “The History of Jerusalem: The Early Muslim Period
(638-1099)” Yad Izhak Ben-Zvi; New York University Press, 1996. Pág. 167.
(7) Gil,
op. cit. Pág. 71.
(8) Ídem.
(9) Ídem.
Pag 65.
(10) Wurmbrand,
Max / ROTH, Cecil. El Pueblo Judío 4000 Años De Historia. Editorial Aurora, Tel
Aviv. 1978. Página 242.
(11) Loewenberg,
F. M: “Where Jerusalem Jews Worship: Tracing the changing location of the
“holiest” site in Judaism”. Revista Hakira. Volumen 16. New York, invierno 2013. Pág. 223.
(12) Semanario
Hebreo, Montevideo, 28 de setiembre de 2000. Página 14. Nota de Shlomo Avineri:
«Karl Marx y Jerusalén».
(13) http://www.letraslibres.com/mexico-espana/david-grossman
Abril del año 637: regreso a Jerusalén
10/Abr/2017
Por Gabriel Hojman, para CCIU