Khalid El Bakraoui, el terrorista que se
suicidó en la explosión del metro de Bruselas el pasado 22 de marzo, estaba
vinculado con el tráfico de arte y antigüedades, actividad con la que obtenía
una fuente de financiación para los atentados. Este criminal es uno de los que
participaron en la preparación tanto de los atentados de París el 13 de
noviembre de 2015 como los de Bruselas y hermano de Ibrahim, del que se tienen
más pruebas de que visitó Siria donde contactó con los líderes de Daesh, que
fue detectado a su regreso a Bélgica pero una negligente falta de coordinación
entre la Policía y la diplomacia belgas y la ignorancia por parte de las
autoridades holandesas impidió que fuera detenido a tiempo. Esta es la primera
vez que se tienen evidencias directas de que los terroristas se financian
también en el mercado del arte.
Khalid El Bakraoui murió en el metro de
Bruselas al hacer estallar la bomba que transportaba al paso del convoy por la
estación de Maalbeek. Pero esos explosivos los había pagado con dinero
procedente de tráfico de arte, según revelaciones que publica esta semana la
revista francesa «Paris Mach». La Policía francesa ha descubierto ahora no solo
que figuraba en las redes que comercializaban las piezas expoliadas en los
lugares arqueológicos saqueados por los terroristas islámicos en Siria, sino
que además estuvo involucrado en el mercado de obras de arte robadas. Según
estas últimas revelaciones, El Bakraoui intervino en un intento de negociación con
una compañía de seguros sobre la devolución de ciertos cuadros robados, cuyas
características no han sido reveladas. Esos intentos de extorsionar a las
compañías de seguros se interrumpieron bruscamente, al parecer, en otoño
pasado, poco antes de que se produjesen los atentados de París, según esta
versión de los hechos.
Poco antes de aquellos ataques que causaron
120 muertos además de los siete terroristas que se suicidaron, y más de 400
heridos, la casa de Khalid El Bakraoui había sido registrada dentro de una
investigación sobre la compra de cargadores para fusiles Kalashnikov. Y
entonces se le perdió la pista. No se sabría nada de él hasta mucho después,
incluso después de los atentados de París, en cuya preparación participó
activamente. No se oiría hablar de él hasta el 22 de marzo de 2016, el día de
los ataques de Bruselas donde murió.
Colecciones de arte
Desde que Daesh ocupó extensiones de Siria e
Irak no solo ha destruido lugares arqueológicos de importancia incalculable,
sino que se ha sospechado siempre que comerciaba con objetos arqueológicos y
colecciones de arte para obtener financiación, igual que hacía con el petróleo
extraído en esas áreas. Y del mismo modo que encontraba compradores para el
crudo en los vericuetos del mercado mundial, los habría encontrado para las
obras de arte expoliadas.
Los medios belgas que se han hecho eco de esta
información procedente de fuentes policiales francesas aprovechan para criticar
la reciente decisión del Gobierno federal de Bruselas de desmantelar la unidad
responsable de investigar el tráfico de antigüedades y obras de arte que tenía
la policía belga hasta este primero de noviembre. Y eso a pesar de que las
informaciones sobre este caso hacen hincapié en el papel de Bélgica como
plataforma del tráfico de este tipo de objetos. Además, debido a su situación
geográfica y ante la perspectiva del Brexit, el mercado legal de arte de toda
Europa se ha concentrado en Bruselas, donde se encuentran actualmente los
mayores almacenes protegidos.
Unidades especiales
Hasta ahora, en Bélgica existía una unidad
específica dentro de la Policía, dedicada a este tipo de delitos, que requieren
de una especialización muy particular. Holanda y Alemania han decidido reforzar
sus capacidades en este campo —España cuenta con unidades especiales de
Patrimonio en la Guardia Civil y la Policía— y, de hecho, «Paris Mach» recuerda
la existencia de vínculos muy estrechos entre la financiación del terrorismo y
el mercado ilegal de obras de arte.
En Estados Unidos se ha puesto sobre la mesa
la necesidad de poner en marcha una base de datos de objetos susceptibles de
ser utilizados en este tráfico ilícito por parte de las redes terroristas. El
equivalente al tribunal de cuentas, la Government Accontability Office (GAO) ha
sugerido hacer caso a los expertos en el mercado de arte que han sugerido la
necesidad de que se establezca una lista con obras de los museos y otros
elementos «que puedan ayudar a verificar si se trata de objetos robados» en
zonas de conflicto por parte de organizaciones terroristas como Daesh.
La Policía belga ha prometido que serán «otros
investigadores» los que se encargarán de los casos relacionados con obras de
arte robadas y que recibirán la formación necesaria. Pero Interpol ha criticado
duramente esta decisión, que convierte a la capital de la UE en uno de los
países más vulnerables.
Así se financió el terrorismo con el tráfico de arte
11/Nov/2016
ABC, España, Por Enrique Serbeto