La Historia de los Judíos de Bayona y el Chocolate

15/Jun/2016

Milim Cultural Nº 234, Por Alicia Benmergui

La Historia de los Judíos de Bayona y el Chocolate

Bayona 1909
La ciudad de Bayona, en Francia celebra en el
mes de mayo la fiesta del chocolate.
Los judíos portugueses fueron los que trajeron
los granos de cacao y con él el chocolate con lo que contribuyeron a la riqueza
de esta ciudad. Los cristianos nuevos
que llegaron de Portugal y España a mediados del Siglo XVI a Francia lo
hicieron con la autorización del rey francés. Cuando se instalaron lo hicieron
como marranos o cristianos nuevos, también se autodenominaban la Nación
Portuguesa, o Nación Judía, o La Nación, los otros los llamaban simplemente
extranjeros.
Estos judíos que habían huido de las sospechas
y de la Inquisición, tanto de la española como de la portuguesa, se habían
establecido desde hacía varios años, primero en Biarritz, que era solo un pueblo
de pescadores y luego en Saint- Jean- de- Luz.
Allí
tuvo lugar en marzo de 1619 un trágico incidente, cuando un cura repartió las
hostias en la misa, la gente que estaba allí vio que una mujer, luego de
aceptarla, escupió en un pañuelo, esto determinó su detención y apresamiento,
pero el populacho la arrancó de la prisión y la quemó viva. Ante este hecho,
toda esta población cristiano nueva decidió abandonar un lugar tan
potencialmente peligroso y se marchó en busca de lugares menos amenazantes para
su existencia.
Así fue que llegaron al pequeño señorío de
Espíritu Santo (Saint Esprit), que estaba en
la orilla derecha de la desembocadura del río Adour, justo enfrente de
Bayona y que creció la suficiente para convertirse en una ciudad con la
prosperidad que trajeron estos recién llegados.
Sintiéndose más seguros estos criptojudíos comenzaron a judaizar, cierto
que secretamente, pero el resto de la población sabía que eran judíos. Sus
descendientes fueron abiertamente judíos. A pesar de que cuando llegaron lo
hicieron como cristianos nuevos, por simples sospechas, no se les permitió
instalarse en Bayona, donde solo se les autorizó a participar en el comercio
mayorista.
Pese a los recelos y a los obstáculos que les
interpusieron estos judíos sefaradíes tenían relaciones con Ámsterdam y
participaban en el comercio de especias y cacao en grano. Trajeron con ellos y
aportaron un secreto que contribuyó a la riqueza de esta gran ciudad: la
fabricación del chocolate.
Algunos de ellos fueron importadores de lana,
azúcar y pimienta, y participaban en la venta de textiles al por mayor en
Bayona, otros, menos visibles, pero tal vez más numerosos, se ganaban la vida
en muchas actividades más pequeñas. Algunos, sobre todo al principio, vendían
sus mercancías a crédito, también a los ciudadanos de Bayona. Otros abrieron
tiendas, donde vendían telas al por menor, calcetines, sombreros, agujas y
otros productos de la misma clase, mientras que otros instalaron talleres de
chocolate, tabaco, jabón y cuero.
Su presencia atrajo a otros migrantes del
campo y cercanos de los valles pirenaicos, y este aumento de la población dio
lugar a una gran actividad económica que produjo la envidia y resentimiento de
la población de Bayona. Una de las maneras que encontraron de participar en
esta actividad y competir con los judíos fue la compra de casas y propiedades
en Espíritu Santo. Pese a que los judíos no podían vivir en Bayona ni
participar en la venta minorista todos los días iban a la ciudad, los pañeros
agremiados, por supuesto no judíos, resintieron de esta presencia,
dificultándoles también la venta mayorista. Lo que determinó la asociación de
judíos y cristianos que prestaban su nombre, o sus comercios para que los
judíos realizaran sus actividades mercantiles.
Unos documentos existentes en la municipalidad
de Bayona, del año 1761 registran las recriminaciones a los judíos de Espíritu
Santo por la transgresión simbólica que cometían los judíos que habitaban en
hermosas casas, cuando al atardecer cruzando el río Adur, imponían su presencia,
su religión y su éxito social. Dejaban deliberadamente abiertas sus persianas y
cortinas en la noche del viernes para que los cristianos de Bayona vieran la
luz de sus velas sabáticas.
Las familias sefaradíes de Espíritu Santo
tenían parientes y aliados no solo en Peyrehorade y en Burdeos, sino también en
Amsterdam, Londres y Hamburgo.
Cuando una chica se iba de Espíritu Santo
acompañada por su hermano para casarse en cualquiera de esas ciudades no
estaría sola, se reencontraría con amigos y parientes. Estos 600 judíos
sefaradíes a principios del Siglo XVIII formaban parte de una comunidad mucho
mayor, estaban relacionados de alguna manera con los que habían quedado en
España, en Lisboa en especial. Pero también con los de la Europa Atlántica, las
islas del Caribe y las costas de América.
Mientras que para sus vecinos cristianos de
Espíritu Santo, el resto del mundo era visto como distante, extraño o
amenazador, para estos sefaradíes que veían llegar emisarios de Tierra Santa,
que tenían parientes desde Hamburgo a Jamaica, y a través de Londres y
Amsterdam, aliados en todas partes, este amplio espacio no era visualizado de
la misma manera.  Más allá del espacio
familiar que compartían con toda la gente del área urbana, tenían otro espacio
familiar, uno que era específicamente judío y mucho más grande que el de sus
vecinos. Ese era el de la gran diáspora sefaradí