Exageremos la amenaza, la realidad siempre la supera

17/Nov/2015

El Mundo, España- por Felipe Sahagún

Exageremos la amenaza, la realidad siempre la supera

«Más vale exagerar la amenaza que enterarnos de su ejecución mañana en los periódicos», escribía el viernes en Reuters Jane Harman, ex congresista por California y presidenta del Wilson Center, antes de la última escalada terrorista en Francia.
Recordaba la fijación obsesiva de Al Qaeda con los aviones, el peligro de desaparición de ojivas nucleares en Pakistán, los nuevos misiles de tres cuerpos de Corea del Norte que pueden alcanzar territorio estadounidense, las armas radiológicas en el mercado negro ruso y la posibilidad de que terroristas interesados en la guerra biológica consigan convertir a seres humanos en armas andantes.
«Todas estas amenazas», concluía, «están agravándose y todas podrían causar mucho más daño a corto plazo que países como Irán». Sin el choque expansivo entre Irán y Arabia Saudí desde finales de los 70 es imposible comprender la actual confrontación. No son elucubraciones. Hace seis años el ingeniero-bombero de AQPA (Al Qaeda Península Arábiga), Ibrahim Hassan Al- Asiri, todavía en libertad y trabajando, implantó una bomba en su propio hermano para que se volara frente al príncipe saudí Mohamed bin Nayef. Al año siguiente instaló explosivos de plástico en cartuchos de tinta para impresoras, que logró colocar en aviones de carga, pero ha seguido perfeccionando el sistema de implantación de bombas en el cuerpo humano.
¿Cuánto falta para que bombas de cloro como las ya utilizadas en Siria hagan estragos en alguno de los países vecinos? ¿Cuánto falta para que Daesh, el llamado Estado Islámico, despache sus primeras armas radiológicas o bombas sucias hacia Ankara, Amán, Tel Aviv o alguna ciudad de Occidente? En un nuevo informe sobre Biodefensa que acaba de publicarse en EEUU, se advierte del peligro de la guerra con gérmenes, la tercera pata de las armas de destrucción masiva.
Ante estos riesgos, los atentados en París del viernes son una escalada, más que una forma nueva, del terrorismo que hemos sufrido en los últimos 25 años en Irak, Afganistán, Pakistán, India, Indonesia, Siria, Yemen, Libia, Líbano, Israel, Egipto, Somalia, Kenia, Nigeria, Estados Unidos, España, Gran Bretaña, Argelia, Marruecos y, en enero, contra la revista ‘Charlie Hebdo’, muy cerca de algunas de las terrazas y de la sala de conciertos donde más personas fueron asesinadas anteanoche.
Los últimos atentados en París contra seis o siete objetivos distintos de forma simultánea requieren una organización minuciosa y personas que conozcan bien la zona de los objetivos.
En sus declaraciones, ayer, a Nicolas Camus para ’20Minutes’, François Heisbourg, uno de los internacionalistas especializados en seguridad más prestigiosos de Francia, resumía muchas de las observaciones de los principales expertos en terrorismo.
«La multiplicidad de blancos y la escala de las operaciones son muy preocupantes», señalaba. «El secuestro masivo de Bataclan nos retrotrae al del teatro de Moscú, las operaciones simultaneas nos recuerdan los atentados en Bombay (podría haber añadido el 11-M, el 7-J y el 11-S), los kamikazes que atacaron el estadio de Francia nos recuerdan Beirut. Todo en una sola operación. Es un nuevo paso en la escalada del terrorismo».
Sobre la autoría, las dudas de las primeras horas se despejaron ayer a mediodía cuando, tras la reunión del Consejo de Defensa francés, el presidente François Hollande responsabilizó directamente a Daesh o Estado Islámico (ISIS).La reivindicación distribuida a primera hora de la tarde por el grupo de Al Baghdadi -por cierto, radicalizado mucho antes de que EEUU invadieran Irak en 2003- tampoco aclara si se trata de una acción diseñada directamente por el ejecutivo del grupo-movimiento-insurgencia-ejército terrorista sirio-iraquí o por células francesas autónomas del IS.Lo más grave y triste de lo sucedido en Francia el viernes es que se esperaba, se había previsto y se había pedido por activa y por pasiva una respuesta adecuada a la amenaza. En junio, Christophe Cornevin, uno de los mejores reporteros de ‘Le Figaro’, resumía las conclusiones del informe de la comisión presidida por el diputado Éric Ciotti, tras meses de interrogatorios, investigaciones y viajes por Europa y toda Francia, sobre «los planes de Daesh de utilizar a yihadistas occidentales para cometer atentados en sus países de origen».
El peligro principal -dejó muy claro el informe- no son los llamados lobos solitarios o locos sueltos, sino las células o redes de muchos de los 1.730 yihadistas potenciales franceses reconocidos por el propio primer ministro Manuel Valls ante el Senado. «Existe el peligro de un ataque kamikaze en suelo francés, aunque en teoría sea más complicado que en Irak o en Siria», advertía en junio Alain Bauer, autor con Christophe Soullez de ‘Terrorismes’, su última obra sobre la amenaza terrorista. Su advertencia ha tardado poco en hacerse realidad.