Agua en el desierto

26/Jun/2015

Galería, Daniela Hirschfeld

Agua en el desierto

Cuidar el agua en Israel merece un premio. Simplificaciones aparte, el trabajo de Giselle Hazzan al frente de una de las 250 reservas naturales que existen en el pequeño territorio de Israel fue distinguido por un organismo internacional precisamente por hacer un uso inteligente del agua en un país donde este recurso no abunda.
Hazzan dirige desde 2002 la reserva Ein Afek, un pequeño humedal de 67 hectáreas cerca de la hermosa ciudad de Haifa (norte). Los humedales son zonas de transición entre los sistemas acuáticos y terrestres; generalmente se trata de zonas planas cuya superficie se inunda de manera permanente o intermitente. Al cubrirse de agua, el suelo se satura y surge así un ecosistema que combina flora y fauna acuática y terrestre.
La labor de Hazzan recibió este año el Premio Ramsar al uso racional de los humedales, que fue entregado en Uruguay durante la 12ª Reunión de la Conferencia de las Partes (COP12) de la Convención sobre Humedales (Ramsar), que se realizó a principios de junio en el Conrad de Punta del Este.
Nacida en Haifa, bióloga con una maestría en Planificación urbana y regional del prestigioso Instituto de Tecnología Technion, en Haifa, Hazzan es la primera mujer árabe en dirigir una reserva natural en Israel, pero ella no adhiere ni se siente representada por este rótulo. No le parece que ser mujer o árabe haya hecho su trabajo diferente.
En el día a día, esta madre de tres hijos varones (de 8, 13 y 16 años), trabaja con un equipo de 15 personas, gestiona proyectos hidrológicos en la reserva, lidera investigaciones en animales y plantas e impulsa programas educativos y de visitas guiadas para la población que vive en los alrededores de la reserva. A Hazzan le encanta su trabajo. Se nota en la forma que habla del humedal como si fuera un hijo más.
Otro de sus hijos, el de 13 años, vino con ella a Uruguay. Estaba deseoso de venir a Sudamérica porque, cuenta su madre, “sueña con fútbol”. “Le prometí que iríamos a un partido en estos días”, aseguró Hazzan a Galería en una charla en la que habló de su labor, del cuidado del ambiente y de su trabajo con niños árabes y judíos.
El premio que recibió fue por el “uso inteligente” del humedal. ¿En qué consiste esa tarea?
En Israel todos quieren el agua para su beneficio; me refiero al uso agrícola, industrial y doméstico, y nosotros, en el humedal, también queremos un trozo de esa torta, para tener nuestra agua para el beneficio de los animales y plantas.
Hacer un uso inteligente del agua es manejar el presupuesto de una casa y pensar cómo lograr lo máximo con él. Podemos tener el agua que queremos, pero podemos perderla en una temporada si no la usamos bien.
Ein Afek es un pantano con 34 manantiales cuya corriente llega al mar. Hemos hecho muchos proyectos de ingeniería para lograr que el agua se quede más tiempo en el humedal y beneficie la vida en ese ambiente.
Como directora de esta área natural, ¿en qué consiste su trabajo?
Trabajo con un equipo de técnicos, como los ingenieros, que se encargan de las cuestiones hidrológicas. Para mi trabajo consiste más que nada en ver qué pasa en el humedal, soy la que tiene la experiencia de campo. Además, es muy importante sentir la naturaleza, más allá de los aspectos académicos y de la gestión.
Y este premio, ¿en qué aspectos es útil?
Siempre es bueno que reconozcan el trabajo, porque nos permite saber que estamos en el buen camino y que internacionalmente tenemos un alto nivel. Espero que esto nos abra una ventana de oportunidades para compartir nuestra experiencia con otros países y conocer los trabajos en otros lugares.
¿El premio incluye dinero?
Sí.
“Esa historia la quiero contar yo porque creo que es increíble”, interrumpe la embajadora de Israel en Uruguay, Nina Ben-Ami, que acompañó a Hazzan durante la semana y estaba atenta a la charla que mantenía con Galería. “El premio consiste en 10.000 dólares y ella los donará a su trabajo. No se lo queda, porque realmente es una creyente”, acotó la embajadora.
A mí hijo no le gusta eso (risas). Él me dice “mamá, sos tan naif”. Pero para mí este premio también sirve para darles un ejemplo a mis hijos de que no es todo dinero en la vida. Además, en la reserva trabajo con personas y ellos también merecen el premio. Por eso una de las cosas que quiero celebrar, es que el staff pueda viajar, preferentemente a otros países, para ver otros humedales y aprender cómo trabajan.
¿Cómo describiría el área en la que se encuentra la reserva?
Está rodeada de un área urbana muy poblada, donde viven entre 130.000 y 200.000 personas, con bastante desarrollo y varias construcciones. Ahora, en el borde de la reserva están construyendo un barrio de 4.500 apartamentos y una autopista. Precisamente esa es una de las amenazas. Entre otras cosas, la luz y el ruido de la autopista pueden tener impacto en la vida de la fauna local.
¿Esta construcción está permitida por el gobierno?
El gobierno cuida la zona, pero no nos pregunta sino que nos informa lo que hará. El gobierno nos da la reserva, pero lo que pasa afuera no se supone que sea cosa nuestra.
¿Y no existe lo que se conoce como “zona de amortiguación”, que sirva de transición entre la reserva y la zona urbana?
Uno de los problemas cuando se declara una reserva es que se debe tener en cuenta la zona de amortiguación. Ahora estamos intentando comprar algunas de las áreas privadas que hay alrededor de la reserva para que funcione precisamente con este objetivo y ayude a evitar futuros impactos.
Israel tiene 250 reservas y parques. Algunas personas podrían pensar que, para un pequeño territorio de 22.000 km2, esto es un desperdicio de espacio.
Actualmente, 20% del territorio de Israel son reservas naturales. Y cuando escucho este número me pongo feliz, porque pienso que somos realmente un país verde y nos importa el ambiente. Para nosotros, la mejor forma de preservar el paisaje es declarando reservas naturales, porque de otro modo serían tierras ganadas por la urbanización. En Uruguay, quizás ustedes no necesitan declarar tantas áreas protegidas porque gran parte del país no tiene urbanización. Para nosotros, en cambio, estas reservas son el pulmón del país.
¿Por qué es importante proteger especialmente los humedales?
En la actualidad gran parte de los humedales del mundo se están secando. Para algunas personas un humedal puede ser como un pantano, y está asociado a la malaria y otras enfermedades. Pero como en todo lugar donde hay agua, estos ambientes atraen la vida. Necesitamos estos lugares por razones ecológicas, por su papel en la cadena alimenticia, y también porque son hermosos. En la vida también en necesaria la belleza.
¿Qué hace único a Ein Afek?
Primero, que es hermoso (risas). Viajo por el mundo y sigo pensando que es el lugar más lindo de todos. Lo que lo hace único es que logramos mantenerlo a salvo de las amenazas que lo rodean, porque está en medio de un área agrícola y urbana Lo mantuvimos como una perla en el medio de la ciudad.
Usted está al frente de la reserva desde 2002. ¿Cómo era la situación cuando llegó?
Antes había épocas del año en que no había agua y la gente llamaba para preguntar si había o no, para planificar una visita. Ahora ya no llaman por eso, porque siempre hay agua. La gente que viene siente un gran cambio con respecto a otros años, hay más plantas, más aves, más animales en general, tenemos un invernadero con plantas que vamos a plantar durante el año.
Usted también desarrolló un proyecto educacional que supuso juntar durante tres años a niños árabes y judíos para trabajar por la limpieza y el cuidado del humedal. ¿Qué le quedó de esta experiencia?
Recibimos una beca del gobierno alemán para desarrollar este proyecto que unió a niños árabes y judíos. En esa experiencia no hablamos sobre ser judío o árabe, sino sobre lo que compartimos, sobre el agua y cómo nuestra misión es proteger la naturaleza. Lo más importante es que al conocer a otra persona se encuentran las semejanzas, las preocupaciones que compartimos en torno al ambiente. Durante tres años los niños crecieron y se juntaron para hablar de estos temas. No hablamos de religión, no quisimos abrir la brecha sino cerrarla, y usamos como factor común el agua y los humedales. Hicimos otros proyectos similares y hoy tenemos mucha experiencia en este tipo de trabajo.
Su marido también trabaja en temas ambientales, en el área de edificios verdes. ¿Su casa es un hogar ecológico?
¡No lo es!, e incluso debo confesar que no reciclo (risas). Pero sí hago otras cosas. Por ejemplo, empecé a preocuparme por aspectos como la cultura del consumo. Ahora pienso dos veces antes de comprar algo, para ver si lo necesito o no. Creo que ese es el verdadero reciclaje. Cuando compro cosas me fijo dónde fueron hechas, y no busco solo lo barato. No me importa pagar más caro, porque pienso que alguien o algo más estará pagando el precio: o la gente o el ambiente.
Daniela Hirschfeld