Se cree que Pisa ha sido
la primera ciudad de la Toscana, donde las familias judías se establecieron ya
en el siglo IX, . Un documento histórico registra la compra de una casa por un
comerciante judío en 850 D.N.E y Benjamín de Tudela cuando pasó por allí, en su
viaje a Jerusalén en 1165, contó que allí vivían veinte familias judías. En el siglo XIII Pisa fue un bullicioso
centro con una sinagoga cerca de la Piazza dei Cavalier, el corazón político de la ciudad, en el área
todavía conocida como Chiasso de ‘Giudei , literalmente, «El callejón de
los Judíos».
Bajo el gobierno de los Medici, las familias
judías fueron alentadas a asentarse en Pisa con el fin de impulsar su economía
y la población siguió creciendo. La
presencia de una gran comunidad se evidencia por los bellos sitios de la
ciudad, como la Sinagoga y el increíble cementerio judío. El techo de la
sinagoga, que ha estado en uso desde 1674, fue severamente dañado hace un par
de años, y la comunidad está trabajando para recaudar suficiente dinero para
arreglarlo y devolverle a ese lugar de culto su esplendor original.
El Holocausto no dejó a
Pisa sin cicatrices. En 1931 había 535 judíos que vivían en la ciudad, doce de
las cuales fueron enviadas a los campos de exterminio y ocho más fueron deportados,
pero sobrevivieron. El más terrible
episodio fue el asesinato de Giuseppe Pardo Roques por los nazis en 1944, un
día antes de la liberación de la ciudad. Él era un filántropo prestigioso,
presidente de la comunidad y una figura política local. Otras once personas que
buscaron protección en su casa ‘fueron asesinados en el mismo ataque. En Pisa casi todos conocen la lápida que está
sobre los muros del palacio que recuerda a su antiguo dueño y las otras personas
que fueron asesinadas con él, por un grupo de soldados alemanes que nunca
fueron identificados.
Abramo Giuseppe Pardo
Roques fue presidente de la Comunidad Judía de Pisa desde 1907 a 1910 y luego
desde los primeros años veinte hasta su trágica muerte. Había nacido en Pisa en
1876, los Pardo Roques eran sefaradíes livorneses que se habían mudado a Pisa
en la segunda mitad del siglo XIX. La familia se había trasladado a esta ciudad
con un itinerario común con las otras familias de judíos livorneses, muchos de
los cuales habían efectuado inversiones inmobiliarias en Pisa. Esta era de
hecho una tradición: los negocios en Livorno y la cultura en Pisa; Livorno por
la riqueza, Pisa por el prestigio.
Ese era el caso de Pardo
Roques, era una persona muy adinerada. Su casa que tenía dos siglos se hallaba
en el barrio más densamente poblado por la comunidad judía de la ciudad. La
abuela de Pardo, Sara Recanati la había comprado en 1856 a otros judíos, los
Franchetti, que a su vez la habían comprado en 1803 a los Aghib que la poseían
desde 1766. Cuando fue asesinado Pardo Roques tenía 68 años y era soltero. La
madre Anna Tedesco había muerto en 1908, sus dos hermanas vivían en Florencia:
Elena casada con un Olivetti, y Giorgina con un Zabban.
Era muy conocido en Pisa,
por su riqueza y pos sus muchas iniciativas filantrópicas. De hecho mantenía
totalmente un instituto profesional femenino en San Michele in Borgo, y era uno
de los sostenedores del Teatro Verdi. A pesar de la presencia de los nazis en
Pisa no se había escapado porque tenía una fobia muy grave que no le permitía
alejarse de su casa. Las otras personas que se hallaban en su casa en el
momento de la tragedia eran seis amigos judíos, alojados allí y cinco
cristianos entre tres domésticas y dos personas que se hallaban ocasionalmente
en el lugar.
Fueron todos encerrados
en un altillo, asesinados con ametralladoras y bombas de mano. A él lo mataron
último. La naturaleza de su asesinato todavía no es clara. Pardo era judío,
pero el homicidio fue cometido durante una rapiña cometida por iniciativa de oficiales
nazis subalternos que habían oído hablar de la gran riqueza del hombre.
Todo esto habla del
desbande en que se hallaban las tropas nazis en esta faz de la ocupación, en
que los individuos estaban a la caza de dinero, escapando a la férrea disciplina
del nazismo. También el hecho de que se dirigieran a su casa habla de la
complicidad de italianos, nada de esto pudo probarse. Pero ciertamente esta
historia provoca una amarga reflexión, este cruento asesinato fue cometido
contra alguien cuyos antepasados abandonaron la Península Ibérica manteniendo
su identidad judaica pese a todas las dificultades que suponía este hecho, para
casi 500 años después compartir el mismo trágico destino que sus hermanos ashkenazies.
El cementerio judío es
uno de los secretos mejor conservados de Pisa. Se encuentra en las afueras de
la Piazza dei Miracoli, es un lugar hermoso y fascinante. El cementerio de
Pisa, que se encuentra en diversos niveles de
tierra, se remonta a 1648 y es uno de los más antiguos cementerios judíos
de Europa. Utilizado desde 1674, parece
que ha sido precedido por lo menos por otros tres cementerios, todos ellos han estado fuera del muro
occidental de Pisa. El más antiguo que data del siglo XIII confirma su pasado
con inscripciones que han quedado con los nombres de los sepultados en parte de
ese muro. El otro cementerio del que se tienen noticias por la existencia de
documentos existió entre los siglos XV y del siglo XVI.
Desde el punto de vista
religioso, el cementerio judío de Pisa es particularmente interesante como
documento histórico: refleja casi cuatro siglos de la vida y la composición
poblacional de la comunidad judía de Pisa. Entre los siglos XVII y XVIII los enterrados fueron mayoritariamente judíos
de origen español o portugués, la mayor
parte de la población judía residente en Pisa estaba compuesta por
descendientes de los judíos expulsados de la Península Ibérica a partir de
1492. Solo a fines del siglo XVIII, luego de la llegada de una notable
inmigración de judíos provenientes de Roma, de Ancona, de la Marche, de
Florencia y de Ferrara, el cementerio puede considerarse como italiano.
Estos testimonios
sepulcrales se agrandaron posteriormente cuando en ese cementerio se recibieron
los restos de algunos de los numerosísimo judíos de la Europa centro oriental
que llegaron para conocer al mar Tirreno, por motivos de estudio o de turismo.
También se dio el hecho de que muchos judíos se sintieron atraídos por un sitio
sepulcral inserto en un contexto de gran monumentalidad, y por ello han
escogido ser enterrados en Pisa pese a ser de diferentes ciudades italianas y
aun del extranjero.
En ese cementerio entre
otras, se hallan las tumbas de soldados judíos caídos en el curso de la Primera
Guerra Mundial y sobre todo, de los judíos víctimas de la violencia fascista,
de los crímenes nazis y de las persecuciones nazis fascistas. Los nombres de los que fueron deportados y
desaparecieron en los campos de exterminio, son recordados también en una lápida
puesta sobre el muro de una construcción que se halla en el centro del
cementerio.
Pisa y una historia judaica
28/Nov/2014
Milim Cultural Nº 197, Por Alicia Benmergui