Cada 21 de agosto, el mundo recuerda a quienes fueron víctimas del terrorismo. No se trata solamente de recordar a quienes perdieron la vida, sino también de reconocer a los sobrevivientes y a las familias que, muchas veces durante años, deben convivir con las consecuencias de un atentado. Recordamos especialmente a las víctimas del terrorismo en Israel, en especial a las del 7 de octubre.
La fecha del Día Internacional de Conmemoración y Homenaje a las Víctimas del Terrorismo fue establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2017, mediante la resolución 72/165. Su objetivo es honrar y apoyar a las víctimas y sobrevivientes del terrorismo y defender sus derechos fundamentales.
Este año, la ONU eligió como tema “Sanar a través de la memoria” (Healing through Memory). La propuesta pone el acento en la importancia de recordar, preservar las historias de las víctimas y mantener viva su memoria como parte del proceso de recuperación.
Para Israel, esta jornada tiene un significado especialmente profundo. El terrorismo forma parte de una dolorosa historia que atraviesa generaciones. Desde los primeros años del Estado hasta nuestros días, miles de civiles israelíes han sido asesinados en atentados terroristas. Según datos publicados por el Instituto Nacional de Seguros de Israel en abril de 2026, desde 1851 hasta la actualidad son 5.313 los civiles muertos en acciones terroristas, entre ellos 810 menores de 18 años.
El 7 de octubre de 2023 abrió además una de las páginas más dolorosas de esta historia. De acuerdo con el Instituto Nacional de Seguros israelí, 1.017 civiles han sido asesinados en acciones terroristas desde el comienzo de la guerra desencadenada por aquel ataque.
Pero recordar a las víctimas del terrorismo no significa solamente mirar hacia el pasado. También implica defender el derecho de las personas a vivir sin miedo y rechazar cualquier intento de justificar la violencia contra civiles por razones políticas, religiosas o ideológicas.
La ONU destaca que las víctimas y sobrevivientes necesitan apoyo no solamente en los días posteriores a un atentado, sino también a largo plazo: asistencia física, psicológica, social y económica.
Por eso, este 21 de agosto, recordar es también una forma de hacer justicia. Poner nombre y rostro a las víctimas, escuchar a los sobrevivientes y mantener vivas sus historias es decir que sus vidas importaron y que el terrorismo nunca puede convertirse en una estadística olvidada.