Casi la mitad de los judíos de origen sefardí que había en Europa durante la II Guerra Mundial, unos 165.000, fueron deportados a campos de concentración. Pese a que los judíos de origen sefardí que fallecieron durante este tiempo no fueron los más numerosos dentro del colectivo, sí fueron los que sufrieron un impacto más terrible puesto que su población era mucho más reducida. Supuestamente, los judíos “mejor” protegidos fueron los sefarditas españoles residentes en Francia al tiempo de la ocupación, donde residían según datos del consulado español en el año 1940, unos 2000 de ellos. Estos asentados en la capital francesa, estaban sujetos a las mismas medidas que los asquenazitas. A pesar de producirse un aviso por el gobierno español, de tratar a los sefardíes con nacionalidad española como españoles, muchos de los asentados en el territorio galo prefirieron pasar a España. La protección española se extendió también a los bienes, que quedaron, eso si, bajo la vigilancia en las bancas francesas.
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