Ahora se sabe que la organización islámica fundamentalista actúa en secreto en Sudamérica desde hace algunos años: los enviados de la misma entrenan a miembros de los carteles en la guerra de guerrillas y colocación de explosivos en su lucha contra la Policía y el Ejército de México y, a cambio, disfruta de las ganancias de las drogas para financiar sus actividades.