La fórmula aplicada por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN en Libia, con bombardeos aéreos, no parece posible de llevar a la práctica para resolver la crisis que estremece a Siria. Sería prematuro calificar a la guerra en Libia como un éxito total para los intereses estadounidenses. Sin embargo, la llegada de rebeldes victoriosos a las playas de Trípoli la semana pasada dio a los principales asesores del presidente Barack Obama una oportunidad para reclamar una victoria clave de la doctrina Obama para Medio Oriente, criticada duramente en los últimos meses porque se consideraba que era dirigir desde la retaguardia. Funcionarios gubernamentales dijeron que aun cuando la intervención de la OTAN en Libia, enfatizando ataques aéreos para proteger a los civiles, no se puede replicar de modo uniforme en otros sitios conflictivos como Siria, el conflicto podría, en cierta forma, convertirse en un modelo de cómo Estados Unidos ejerce la fuerza en otros países donde están amenazados sus intereses.