4-9-2011 Ola de cambio árabe. EE.UU. y aliados ven difícil una acción militar como la de Libia en Siria | La oposición no domina ningún territorio | Podría haber represalias de Hamas y Hezbolá
WASHINGTON | THE NEW YORK TIMES
La fórmula aplicada por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN en Libia, con bombardeos aéreos, no parece posible de llevar a la práctica para resolver la crisis que estremece a Siria.
Sería prematuro calificar a la guerra en Libia como un éxito total para los intereses estadounidenses. Sin embargo, la llegada de rebeldes victoriosos a las playas de Trípoli la semana pasada dio a los principales asesores del presidente Barack Obama una oportunidad para reclamar una victoria clave de la doctrina Obama para Medio Oriente, criticada duramente en los últimos meses porque se consideraba que era dirigir desde la retaguardia. Funcionarios gubernamentales dijeron que aun cuando la intervención de la OTAN en Libia, enfatizando ataques aéreos para proteger a los civiles, no se puede replicar de modo uniforme en otros sitios conflictivos como Siria, el conflicto podría, en cierta forma, convertirse en un modelo de cómo Estados Unidos ejerce la fuerza en otros países donde están amenazados sus intereses. «Nos hemos resistido a la noción de una doctrina porque no creemos que se pueda imponer un modelo en países muy diferentes; eso te mete en problemas y puede llevarte a intervenir en lugares en los que no deberías», comentó Ben Rhodes, el director de comunicaciones estratégicas del Consejo Nacional de Seguridad. Estimo que aún así, la acción en Libia ayudó a establecer dos principios para cuando Estados Unidos pueda ejercer la fuerza militar para impulsar sus intereses diplomáticos aun en caso de que su seguridad nacional no esté amenazada directamente.
Obama expuso esos principios el 28 de marzo, cuando pronunció su único gran discurso sobre el conflicto libio en la Universidad George Washington, con el cual estableció los principios de su doctrina. Durante el discurso, Obama dijo que Estados Unidos tenía la responsabilidad de detener lo que calificó de genocidio inminente en la ciudad libia de Bengasi (Principio 1). Sin embargo, al mismo tiempo, dijo, que si la seguridad de los estadounidenses no está directamente amenazada, pero se justifica la acción -por ejemplo, en el caso de un genocidio-, Estados Unidos actuará solo a condición de que no lo haga a solas (Principio 2).
En Libia, Estados Unidos usó su poderío -proporcionando los cruciales misiles crucero, aviones, bombas, inteligencia e, incluso, personal militar-, pero lo hizo como parte de una coalición más grande, la OTAN, liderada por los franceses y británicos, que incluía a países árabes. Y sólo lo hizo después que una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas lo autorizó; el tipo de enfoque multilateral que el predecesor de Obama, George W. Bush, había visto con desdén.
Funcionarios estadounidenses argumentaron que la estrategia en Libia funcionó en gran parte porque se la percibió como una campaña internacional contra un dictador brutal y «no como un enfoque en el que Estados Unidos va solo», como lo expresó un alto funcionario gubernamental.
ACCIÓN. Sin embargo, cualquier especulación de que el modelo libio pudiera ser transferible al siguiente lugar -obviamente Siria-, donde Estados Unidos y sus aliados europeos han llamado al presidente Bashar Asad a retirarse, podría ser algo apresurado. Por ahora, el gobierno y sus aliados en la acción libia no han llegado a amenazar con la fuerza militar a Siria. No obstante, los funcionarios argumentan que crear la presión diplomática más amplia posible -lo que la secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton llamó «el coro internacional de la condena»- podría, en última instancia, tener un efecto, y, si Asad continúa con su violenta represión contra los disidentes, poner los cimientos para una acción más agresiva. «Falta ver cuánto de eso transferimos a Siria», dijo el alto funcionario, y mencionó diferencias entre muchos países árabes que experimentan agitaciones. «La oposición siria no quiere fuerzas militares extranjeras, pero sí quiere que más países suspendan el comercio con el régimen y rompan con él políticamente».
RIESGO. Robert Malley, analista en jefe para Oriente Próximo y el Norte de África en el Grupo Internacional de Crisis, consideró que una intervención militar en Siria podría presentar un montón de desafíos que Estados Unidos y sus aliados no enfrentaron en Libia. «Lo que distingue a Siria de Libia es que no hay consenso regional ni internacional sobre Siria», indicó Malley. «No hay una zona específica del país para entrar y defender. La oposición en Siria no controla ningún territorio. Y Siria tiene muchas formas en las que podría tomar represalias para dificultar la vida».
Damasco cuenta con aliados que no tenían Libia y Muamar Gadafi. Irán y las organizaciones islámicas extremistas Hamas y Hizbulá están aliadas con Siria y son capaces de infligir daño a Estados Unidos y sus intereses -Israel, en particular-.
De hecho, Siria, ubicada en el corazón de la turbulenta zona del conflicto árabe-israelí, podría crear el caos en los intereses israelíes. Siria también comparte frontera con Irak y podría, si quisiera, buscar formas de tomar represalias contra las tropas de Estados Unidos que quedan, así como contra sus intereses, dicen algunos expertos en política exterior.
Más allá de eso, existe una preocupación muy real de que Siria sin Asad, cuya familia ha gobernado al país por más de 40 años, se vendría abajo, degenerando en una especie de guerra sectaria que caracterizó a Irak después de la invasión estadounidenses que derrocó a Saddam Hussein.
Hasta ahora, con la posible excepción de Turquía, ningún otro país ha mostrado interés en una intervención militar en Siria, a pesar de los repetidos informes de la brutal represión de Asad contra quienes defienden una democracia allí.
Hasta ahora, reclaman a Asad que renuncie
Mientras el gobierno del presidente Barack Obama, junto con los de Francia, Gran Bretaña y Alemania, exigía hace una semana que dimitiera el gobernante de Siria, Bashar Asad, no se ha considerado la posibilidad de intentar de establecer una zona prohibida al tránsito aéreo o terrestre en Siria, como se hizo con Libia.
Por ahora, las acciones no están en el ámbito militar. El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, afirmó el miércoles último, en París, que Asad ha hecho un daño irreparable al pueblo sirio al reprimir las manifestaciones de protesta y sostuvo que Francia y sus aliados harán todo lo que se encuentre legalmente a su alcance, con la finalidad de contribuir a una salida a la crítica situación.
«La gente será mucho más cautelosa con Siria», notó Nader Mousavizadeh, el director ejecutivo de la consultoría Oxford Analytica. «Hay más ambivalencia en cuanto a qué es peor, que permanezca un sangriento Asad o las consecuencias sangrientas de su derrocamiento».
Sin embargo, el mismísimo hecho de que el gobierno estadounidense se haya unido a los mismos aliados con los que se juntó en el caso de Libia para decirle a Asad que se vaya e imponer sanciones a su régimen podría acercar a Estados Unidos un paso más al modelo que se aplicó en Libia, para Siria.
Aunque es muy improbable una intervención militar en Siria, funcionarios gubernamentales dicen que el enfoque coordinado para llamar al derrocamiento de Asad e imponer sanciones financieras al gobierno sirio muestra que ya están aplicando la doctrina Obama en este caso.
Sin embargo, las cosas siempre se pueden intensificar. «No existe el deseo de involucrarse en una acción militar en Siria», expresó Robert Malley, analista del Grupo Internacional de Crisis. Sin embargo, agregó: «Si mataran a unas 30.000 personas, esa sería otra historia». THE NEW YORK TIMES
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El País