A falta de las votaciones que tendrán lugar en dos terceras partes de Egipto, los resultados de la fase inicial de las elecciones parlamentarias, las primeras después de la caída del régimen de Hosni Mubarak, en febrero pasado, han provocado una intensa polémica: se esperaba que los partidos islamistas obtuvieran buenos resultados, pero no tanto. Las predicciones le atribuían a la Alianza Democrática, dominada por los Hermanos Musulmanes, entre un 20 y un 25% de los votos, y consiguió el 41%.