El siglo XXI sigue siendo un mundo de torturadores. De los 194 Estados de que constan en las Naciones Unidas, cien de ellos practican regularmente la tortura, sea como medio para obtener informaciones o confesiones, sea como metodología para hacer reinar el terror: Siria, Egipto, Argelia, Chile, Argentina, Brasil, Cuba, Estados Unidos, China, Vietnam, India o Rusia, no hay continente que esté exento de esa barbarie. Esta es la vergonzosa conclusión del informe Un mundo de torturadores, publicado en Francia por la ONG Acción de los Cristianos contra la Tortura, ACAT (http://www.unmonde tortionnaire.com). Las víctimas de las torturas tienen una identidad común a todos los países: periodistas, sindicalistas, opositores políticos, abogados, blogueros, miembros de minorías étnicas o religiosas, defensores de los derechos humanos, miembros de ONG. El retrato que hizo la ACAT muestra que, en vez de retroceder, esa metodología se ha mantenido a niveles altísimos pese a la “reconversión” de muchas dictaduras a la democracia liberal. Jean-Etienne de Linares, delegado general de la ONG ACAT Francia, destaca que no quedan muchas zonas del mundo con las que hacerse ilusiones: “Queremos creer que el uso de la tortura es una práctica reservada a los regímenes autoritarios. Pero éstos no tienen la exclusividad de esos crímenes y los principales países reconocidos como democráticos están lejos de ser irreprochables en esa materia”.
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