Cuando mañana por la noche Kurt Masur dirija los celebrados compases de la Oda a la Alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven pondrá un broche de oro a dos semanas de celebraciones que han traído a Israel una lluvia de estrellas internacionales de la música clásica. El motivo de la fiesta no es otro que celebrar los 75 años de vida de la Orquesta Filarmónica de Israel (IPO, en sus siglas inglesas) y los 50 de la relación que une a Zubin Mehta con esta orquesta, buque insignia cultural del Estado hebreo. Una orquesta que tiene una historia muy peculiar, que la hace (casi) única en el mundo.