A esta altura no quedan mayores dudas para los gobernantes, servicios de inteligencia y principales analistas de los países occidentales de que el programa nuclear de Irán tiene como objetivo obtener armas nucleares. Los iraníes tienen el conocimiento de cómo hacerlo, tienen gran parte de la infraestructura para fabricarlas, tienen suficiente materia prima y sería solo una cuestión de tiempo y voluntad política para que logren sus primeras 3 o 4 bombas atómicas. Sin entrar a analizar las razones que lleva a ese país a construir armas atómicas, digamos que desde la época del Shah Reza Pahlavi, derrocado en 1979 por la revolución islámica del Ayatollah Khomeini, ya existía un programa nuclear iraní. Anecdóticamente, el actual sucesor de Khoimeni, el Líder Supremo Ayatollah Ali Jamenei emitió una fatwa en el 2003 en contra de las armas nucleares por considerarlas contrarias a los valores del Islam (una fatwa es un dictamen emitido por uno o varios eruditos religiosos y debería ser vinculante para todo musulmán creyente).