Si a un izquierdista o a un progresista latinoamericano le preguntaran qué opina de un jefe de Estado que en su país llegó al poder a través de un escandaloso fraude electoral, que el régimen político que lo sustenta es una teocracia, que el año pasado ejecutó a 552 disidentes políticos y religiosos, que las cárceles están atestadas de presos, que niega el Holocausto y promueve un ataque nuclear contra Israel, inmediatamente respondería que se trata de un régimen fascista y que correspondería movilizarse para aislarlo internacionalmente. ¿Como a Pinochet? Como a Pinochet o como a Hitler. Sin embargo, por esos singulares contrastes culturales del siglo XXI, el señor Mahmoud Ahmadinejad ha llegado a América latina donde fue agasajado por los gobiernos de Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Cuba, es decir por regímenes que dicen ser antiimperialistas y algunos no vacilan en autocalificarse de izquierdistas. El líder iraní, por lo tanto, inició su quinta visita a América Latina, y los gobiernos de los mencionados países lo recibieron con bombos y platillos en nombre de la liberación nacional de los pueblos oprimidos y la lucha común contra el imperialismo yanqui.