La última edición de Bife angosto, la columna humorística que desde hace casi una década publica el historietista Gustavo Sala en el suplemento No del diario Página 12, está ambientada en un campo de concentración. Inmediatamente después de su aparición el jueves, organizaciones judías de ambos lados del Río de la Plata criticaron duramente al periódico argentino, y el Comité Central Israelita del Uruguay llegó a reclamar el apresamiento del artista. Se entrecruzan los límites de la libertad de expresión, la oportunidad del humor negro y el tratamiento de la memoria histórica. “Podemos reírnos de todo, pero no con todo el mundo”, decía el humorista francés Pierre Desproges. La frase apunta a la diferencia entre el ámbito privado y la esfera pública, en la que se mueve todo medio de comunicación. Para Página 12, la publicación de la última tira de Gustavo Sala, que busca hacer humor a partir del exterminio judío, se ha vuelto un dolor de cabeza, ya que fue percibida por un sector de la sociedad argentina como un cortocircuito en la política del periódico sobre los asuntos de violaciones a los derechos humanos.
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