La situación de Siria se agrava día a día. Después de Libia, es uno de los países donde más sangre se ha derramado a causa de los disturbios y represión contra opositores al régimen de su mandatario, Bashar al Assad. Alrededor de 6.000 han muerto por los enfrentamientos que empezaron hace diez meses, según estimaciones de la ONU. Anoche se dio la peor masacre desde el inicio de las protestas: 200 personas fueron asesinadas en bombardeos, informaron grupos opositores. Causa escalofríos el hecho de que dentro de esos miles mencionados, se encuentren alrededor de 400 niños, según la Unicef. Es difícil saber cuál será el desenlace de este capítulo de terror a casi un año de iniciados los primeros conatos de rebeldía en esta nación árabe, y si en algo coinciden los analistas, es que la situación debe resolverse pronto para evitar un final con más sangre. Como van las cosas, ni un magnicidio quedaría descartado.