“La sensación de que vas casi al límite es fascinante” o “no sé conducir de otra forma que no sea arriesgada” son dos frases célebres de Ayrton Senna que ayudan a comprender la excitación y adrenalina de la que un piloto de carreras debe desprenderse para sentirse realizado. Es una profesión donde asumir ciertos riesgos forma parte de una jornada. Dentro de este desafío al miedo, pocos pilotos a lo largo de la historia han ido tan lejos como William Grover-Williams, primer ganador del GP de Mónaco, quien al estallar la II Guerra Mundial decidió formar parte de un servicio secreto británico para luchar contra los nazis en terreno francés. Agallas, inteligencia, frialdad, precisión, minuciosidad… características que William Grover-Williams desarrolló siendo piloto y puso en práctica tanto en la pista como en su labor de ‘espía’ con los Aliados.
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