La disolución del parlamento de Israel, la convocatoria a elecciones en marzo y los primeros sondeos que anuncian una tendencia de la ciudadanía dirigida hacia los partidos más nacionalistas, ya han levantado en la opinión pública internacional comentarios denigratorios por la presunta “profundización hacia la derecha”. Como en todos los acontecimientos políticos que envuelven al Estado judío, el prejuicio brota al instante y la estigmatización es rápida.