Unos 100 nuevos inmigrantes de Manipur, India, que afirman descender de una de las tribus perdidas de Israel, llegaron al lugar sagrado en Jerusalén, con lágrimas en los ojos. “Es como entrar en mi sueño”, dijo uno de ellos con entusiasmo.
Unos 100 nuevos inmigrantes de Manipur, India, que afirman descender de una de las tribus perdidas de Israel, llegaron al lugar sagrado en Jerusalén, con lágrimas en los ojos. “Es como entrar en mi sueño”, dijo uno de ellos con entusiasmo.
Era la mañana del 27 de enero de 1945, hace ahora setenta años, cuando una avanzadilla de soldados del Ejército Rojo pertenecientes al Primer Frente Ucraniano, vestidos con trajes de camuflaje blancos, cruzaba el umbral de lo que parecía ser un enorme campo de concentración ubicado a las afueras de la localidad de Óswięcim, en la Alta Silesia polaca. Resultó que era mucho más que un campo de concentración. Acababan de descubrir el infierno de Auschwitz, una de las cumbres del horror humano.
La difusión por parte del Estado Islámico de un video donde se ve al rehén jordano Muaz Kasasbeh morir quemado, suscitó un nuevo debate, esta vez entre musulmanes. Exponentes religiosos de distintas corrientes del Islam se oponen a la interpretación del Corán que hacen estos terroristas y dan relieve a otra faceta del conflicto, con nuevos llamados a la violencia.
El ataque tuvo lugar en la localidad de Fotokol, fronteriza con Nigeria, en represalia a la ofensiva del ejército de Chad que mató a 250 terroristas