Restricciones en la vestimenta, discriminación de la mujer y lugares sólo para hombres. Puede parecer que hablemos de alguna ciudad perdida al oeste de Mosul, pero es la realidad que se vive en muchos barrios periféricos de París, donde grupos de musulmanes radicales han tomado las calles y «recomiendan» a los vecinos que ciertas prácticas no son «nada aconsejables». Todo ello con la connivencia de las autoridades galas que han abandonado estas zonas a su suerte, al igual que ocurre en Reino Unido o Alemania.