La Iglesia católica reiteró esta semana su «repudio» a la «instrumentalización de la religión con fines violentos», pero volvió a evitar recoger el guante que le echaron los rabinatos de Israel, Europa y Estados Unidos para ponerle nombre a esa violencia, el del Islam radical. Representantes de la jerarquía vaticana y de la ortodoxia religiosa judía se reunieron este lunes y martes en Jerusalén para seguir discutiendo el acercamiento entre ambas religiones y, especialmente, el reciente documento «Entre Jerusalén y Roma», en el cual los rabinos llamaron a la Iglesia a «profundizar» la lucha contra «el barbarismo de nuestra generación».