Pido permiso para intentar unas líneas a dos años de la muerte de David Fremd, Z’L. Es muy tentador y bastante fácil apoderarse del dolor ajeno para convertirlo en memoria colectiva, en el mejor de los casos, cuando no en panfleto demagógico. Tratando de ceñirse a los criterios más respetuosos, sin el mero afán de sumar tragedias al collar que como yugo llevamos al cuello, recordar aquel momento tiene algo de mandato a la vez que mucho de respeto. Nosotros los judíos, que tanto empeño ponemos en recordar, no podemos permitir que aquella tragedia “aislada”, como muchos la han entendido (yo no) se pierda en los anales del tiempo de los judíos uruguayos; del mismo modo, no podemos cruzar la delgada línea entre la memoria y la sensibilidad de los dolientes.