Tras el verano de 1941, cuando todavía no se había instaurado la Solución Final, Rudolf Höss ordenó encerrar a 600 prisioneros en el bloque 11 de este campo de concentración y probar con ellos el temible Zyklon-B. Este fue el pistoletazo de salida para matanzas como la «Operación Hungría», la misma por la que fue declarado culpable el fallecido Oskar Gröning