«Mi abuelo tuvo el sueño de que sus cuatro nietos no serían juzgados por el color de su piel, sino por su personalidad. Yo tengo el sueño de que ya es suficiente. ¡Pido un mundo sin armas! Difundan la palabra. Donde sea que estén. ¡En toda la nación! Vamos a ser una gran generación…». Palabras de Yolanda Renee King, 9 años, el dos de marzo del año pasado, en Washington, mientras centenas de miles almas en todo el país, de luto por los atentados y muertos en las escuelas, exigían lo mismo: por lo menos, si la extirpación total de las armas es una utopía ante el terrible argumento de que las armas son una parte indivisible la cultura norteamericana, por lo menos un rígido control de su venta, hasta ahora indiscriminada. Martin tenía apenas 39 años cuando lo asesinaron. Había nacido en Atlanta, Georgia, el 15 de enero de 1929.