El relato cuenta que el judío errante fue condenado a recorrer interminablemente el mundo, sin descanso, cargando una culpa tan pesada que nada ni nadie lo liberaría de ella, hasta una nueva venida de Jesús, a quien supuestamente negó un momento de descanso en la puerta de su taller cuando éste cargaba la cruz por la Vía Dolorosa de Jerusalén. El judío errante es, por supuesto, una figura legendaria, una construcción literaria de la Edad Media y también una justificación. Las leyendas como esta arrastran una carga simbólica muy fuerte, capaz de perdurar y adquirir nuevos sentidos frente a realidades cambiantes. Nos dice, entre otras cosas, que el judío errante es el otro, el ajeno, el que no pertenece ni pertenecerá nunca, porque un día se irá o será empujado a irse, según el caso. Y ese simbolismo se renueva una y otra vez, como el personaje del mito.