Aisha Bibi y Sakineh Mohammadi Ashtiani son mujeres musulmanas. Una afgana, la otra iraní. Ambas, presas de la arbitrariedad, la misoginia, el desprecio hacia los derechos de las mujeres, y de sociedades que entienden el islam en su interpretación más violenta y radical. Las dos se han convertido en el símbolo de la resistencia occidental pero también de sectores moderados de sus países, que entienden que la fe musulmana está mucho más allá de la tortura y el terror. Y protagonistas, a su pesar, de una discusión sobre el verdadero alcance de los derechos humanos y de las guerras por las cuales se pelea hoy en el mundo.