La aparente pasividad de los palestinos, mientras gran parte del mundo árabe se agitaba, causaba una cierta perplejidad. Ya no hay misterio: la juventud palestina ha empezado a exigir cambios. El primero, la reconciliación entre Fatah y Hamás, los dos grandes partidos enemigos. Las manifestaciones en Gaza topan con la brutalidad de la policía de Hamás, que emplea todos los medios represivos a su alcance.