En los nueve campos de refugiados que hay en la zona del valle de Bekaa (Líbano) de unos diez kilómetros a la redonda y otro tanto de la frontera siria hay decenas de chicos y adolescentes huérfanos que llegaron allí gracias a la ayuda de algún familiar o, simplemente, de un «alma caritativa». La gran mayoría están sin documentos de identidad y son considerados apátridas. Se los conoce como «los Maktoumeen» (viene de «Maktoumi al-Kayd», sin reconocimiento por el Estado). Se suman a una legión que aún permanecen en campos de refugiados de la guerra civil de El Líbano durante la década de 1980 o que nacieron allí y nunca consiguieron el reconocimiento de sus Estados. Hay muchos palestinos, sirios e iraquíes. Y no están sólo aquí en El Líbano sino también en Jordania y Turquía. Y es allí, entre los Maktoumeen donde el Hezbollah, el partido y milicia armada libanesa que lucha junto a las fuerzas de Bashar al Assad e Irán en la guerra siria, está buscando sangre joven.