Cada vez que el terrorismo fundamentalista islámico golpea desde entonces en algún lugar de Occidente, cada vez que en países libres muere gente por una bomba colocada por un radical que cree traer con ello la verdad del Corán al mundo-y muy especialmente desde los atentados perpetrados por Al Qaeda el 11 de setiembre del 2001 en Estados Unidos y los que le siguieron luego otros en España y Londres- parece confirmarse que Huntigton tenía razón.Sin embargo, más allá de la renuencia que sentimos a afirmar que es imposible convivir en paz cuando se piensa diferente o se cree de distintas formas en Dios, hay algo clave a corregir sobre la aplicabilidad del análisis mencionado, a la situación actual. Si bien es indudable que los terroristas jihadistas ven en judíos y cristianos a herejes que no merecen vivir , en la práctica, la inmensa mayoría de las víctimas cobradas por este terrorismo, son sus propios correligionarios, los musulmanes.
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