Maria Ángeles no tenía uno sino tres pretendientes. Tres combatientes del Estado Islámico (ISIS en sus siglas en inglés) que la mantenían enganchada a su ordenador desde hacía meses. En su cuarto, en la casa de su madre de Almonte (Huelva), a escondidas y a puerta cerrada, se transformaba en Maryam Al-Andalusiya (María de Andalucía), una joven de 22 años que se había convertido al islam en secreto, en una mezquita de Sevilla en abril de 2015, y que se dejaba seducir por las palabras —en inglés— y la imagen de unos hombres barbudos que le prometían una vida en “el paraíso de los hermanos”.