Como era de esperar, el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por parte de Donald Trump generó indignación masiva en el mundo árabe e islámico. Por dos razones fundamentalmente, una religiosa y otra de tipo nacionalista. La razón religiosa se enraíza en la concepción que tiene de sí el islam como una religión cuya misión es acabar con el judaísmo y el cristianismo, y heredar todo lo que una vez fue judío o cristiano: sus territorios, lugares de culto, gentes. En la cosmovisión del islam, Palestina pertenece entera y exclusivamente a los musulmanes, porque tanto los judíos como los cristianos traicionaron a Alá cuando se negaron a convertirse en seguidores del profeta Mahoma. El castigo para ellos es la expulsión de sus tierras y la pérdida de todos sus derechos sobre ellas.
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