En cualquier lugar del mundo tener en el parlamento, concederle privilegios y respetar o, cuando menos, oír sus juicios, albergar en tu seno a quien te odia y escupe la mano con que le das de comer, resultaría no sólo un pasaporte a la nada sino un delito. Un delito muy, pero que muy grave. Pero la magnanimidad de Israel llega al extremo de que un diputado árabe israelí puede emitir un juicio abominable sobre nuestro Shimon Peres y seguir vivo, cosa que no sucedería en ningún país árabe, ni siquiera en la otrora más o menos liberal Turquía. Basel Ghatas presta su voz a miles, muchos miles de palestinos que piensan como él y son incapaces de digerir la existencia del estado judío. Opiniones como la del citado señor me devuelven a la realidad, a la cruda realidad. Lo alimentarás a él y a su familia y te seguirá odiando; le concederás inmunidad parlamentaria y la empleará para amargarte la vida y diseminar, a su alrededor, el ácido vino del resentimiento.
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