En enero de 1866, los judíos de Suiza obtenían el derecho de instalarse en cualquier parte del país. Hecho único, ese impulso para la emancipación judía debió ser evaluado por el voto popular. Pero la democracia directa es de doble filo y puede servir también para fines antisemitas. “La ley de 1866 permitirá a los judíos de Suiza establecerse de forma legal, sin trabas ni ataduras, sin que alguien pueda imaginarse deshacerse de ellos como si se tratara de una mercancía”, declara a swissinfo.ch Johanne Gurfinkiel, secretario general de la Coordinación Intercomunitaria Contra el Antisemitismo y la Difamación (CICAD).