Entre 1955 y 1960, en un turbio barrio de Buenos Aires, unos niños de no más de 12 años acostumbraban a esperar a otros que salían de un club deportivo y social llamado Macabi. Los que esperaban eran argentinos no judíos. Y los que salían del recinto, argentinos judíos. El ritual vespertino consistía en infligir, unos, sistemáticamente, la misma humillación a los otros. Escupitajos, zancadillas e insultos del tipo: moishes de mierda.